El nombre “Matanzas”, que hoy designa una ciudad y bahía en la costa norte de Cuba, ha sido tradicionalmente atribuido a un acto violento ocurrido durante los primeros años de la conquista. Según la leyenda, un grupo de españoles náufragos fue asesinado por indígenas cuando intentaban cruzar la bahía o un río de la región. Sin embargo, esta interpretación ha sido cuestionada por diversos historiadores ya desde el siglo 19, quienes han aportado argumentos sólidos que sugieren que tal relato pudo haber sido distorsionado o incluso ser completamente erróneo.
La versión más extendida cuenta que los indígenas volcaron deliberadamente las canoas de los españoles, provocando el ahogamiento de varios de ellos, y que los sobrevivientes fueron posteriormente ahorcados en una ceiba. Este relato, transmitido por cronistas como Bartolomé de las Casas y Bernal Díaz del Castillo, ha perdurado en la historiografía tradicional cubana, tomando un lugar especial en las creencias locales y el folklore. No obstante, es crucial recordar que estos cronistas escribieron sus relatos varias décadas después de los supuestos hechos, con perspectivas marcadamente subjetivas. Las Casas, por ejemplo, tenía una agenda moral y evangelizadora, mientras que Díaz del Castillo procuraba reivindicar la memoria de los conquistadores. Ambas perspectivas sin duda influyeron en la forma en que representaron los acontecimientos.

Por otro lado, un análisis crítico de la Carta de Relación de Diego Velázquez, escrita en 1514 - y única fuente primaria asociada a estos relatos-, revela una interpretación muy distinta sobre aquella supuesta matanza y el origen de este toponímico, impuesto desde entonces sobre la región. En esta carta, Velázquez describe el origen y contexto de un evento durante la conquista de la isla de Cuba respecto al rescate de tres náufragos españoles —García Mexía y dos mujeres— que habían sido acogidos por caciques indígenas en la región. Aunque a lo largo de su relato, Velázquez menciona actos de violencia, tanto contra como por conquistadores españoles, ninguno de los que el plasma en su carta recoge certeramente uno similar al que tradicionalmente se ha asociado con el de la leyenda matancera. Al contrario, describe un proceso relativamente pacífico de rescate en el que los caciques locales colaboraron para devolver a los náufragos a los españoles, intactos, a las huestes de Velazquez. La omisión de un supuesto “acto de matanza” sugiere que los eventos fuero posteriormente tergiversados, y exagerados en relatos posteriores o que, al menos, la historia esta muy sesgada e incompleta.

Frente a estas versiones tardías, destaca la Carta de Relación del gobernador Diego Velázquez, redactada en 1514, como la única fuente primaria contemporánea. En ella, Velázquez describe el rescate de tres náufragos españoles —García Mexía y dos mujeres— acogidos por caciques indígenas en el occidente de Cuba. Un relato con posibles paralelismos con la leyenda matancera. Aunque menciona actos de violencia en otros contextos, no describe la supuesta matanza en la bahía de Matanzas. Por el contrario, el rescate fue pacífico y facilitado por los propios caciques, quienes devolvieron a los náufragos sin conflicto. El relato solo se asemeja a una idea que les relata un interprete, pero que nunca llego a tomar lugar. Esta omisión resulta significativa y hasta problemática, sobre todo considerando que Velázquez tenía razones políticas para destacar logros de pacificación o justificar acciones armadas. La ausencia de cualquier referencia a una “matanza” de este estilo sugiere que el episodio fue más tarde tergiversado o confundido con otro evento que Velazquez si menciona en su carta: la conocida matanza de Caonao.
La Carta de Relación menciona, en efecto, una masacre en el centro de la isla, la de Caonao, ocurrida durante un avance militar hacia el oriente. Esta confusión geográfica —entre el centro de Cuba y la costa norte occidental— pudo haber inducido a cronistas posteriores a atribuir erróneamente el evento a la bahía de Matanzas. Dado que en la época la cartografía era rudimentaria y la toponimia fluida, es razonable pensar que el nombre “Matanzas” fue sobrepuesto en la región como resultado de esta confusión narrativa a posteriori.
Desde un punto de vista etimológico, también es altamente probable que el nombre “Matanzas” derive de actividades económicas relacionadas con el sacrificio de ganado y uso de la bahía como paraje de abastecimiento, tal como se usaba el término en otras regiones de América y Europa. Durante la temprana ocupación colonial, se practicaban matanzas de reses en la región - como ha quedado plasmado en la documentación histórica, lo que podría haber originado el nombre sin vínculo alguno con un hecho sangriento. Los primeros mapas que documentan el topónimo datan de 1526, y los registros escritos más tempranos del uso del nombre aparecen hacia 1532, décadas después del supuesto evento.
Además, los nombres en las voces indígenas que han sido tradicionalmente vinculados a la región —como Yucayo y Guanima— tampoco corresponden con precisión a la ubicación de la actual ciudad de Matanzas. Su asociación con la bahía parece haberse consolidado en el siglo XIX, bajo una tendencia revisionista que buscaba rescatar topónimos indígenas como símbolo de identidad nacional, pero sin respaldo documental ni arqueológico firme. Esta superposición de nombres y relatos ha contribuido a la creación de un mito que, aunque profundamente arraigado, carece de evidencias sólidas.
Desde el punto de vista arqueológico, tampoco se ha hallado hasta hoy evidencia material suficiente para respaldar tal leyenda. Los registros disponibles, en cambio, indican una presencia indígena significativa y prolongada, con indicios de interacción entre los pobladores originarios y los colonizadores.
En resumen, la hipótesis más consistente sugiere que el nombre “Matanzas” fue adoptado posteriormente, posiblemente a partir de un error de interpretación o de una tradición oral que confundió hechos geográficamente distantes. La narrativa de una supuesta matanza parece haberse consolidado por la influencia de cronistas tardíos y fue reforzada por discursos nacionalistas posteriores, más que por evidencias documentales o arqueológicas. Esta reinterpretación no solo cuestiona la versión tradicional, sino que también invita a revisar críticamente otras toponimias coloniales que podrían tener orígenes similares.
Nota bibliografica:
Esta interpretación histórica se basa en los análisis críticos y las fuentes documentales presentadas en el trabajo "Matanza de Yucayo: Historia y Mito" de Johanset Orihuela León y Ricardo A. Viera Muñoz (2020, Aspha, Buenos Aires), que revisa la narrativa tradicional sobre el origen del nombre de la ciudad de Matanzas y las interacciones tempranas entre los españoles e indígenas en Cuba.
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