jueves, 13 de octubre de 2022
El centro histórico de Matanzas, un bien de todos - por Ramón Cotarelo Crego
sábado, 5 de septiembre de 2020
Nuevos datos sobre la historia de Matanzas: 1680-1695
Fieles a nuestras convicciones de profundizar sobre la historia de Matanzas – ya bien sea desde las ciencias sociales y antiguos documentos – finalmente nos encontramos satisfechos de ver publicado nuestro tratado sobre los procesos que dieron principio oficial a la ciudad. Este ha sido un proyecto prolongado, comenzado desde el 2016 con la búsqueda y adquisición de requerida documentación en archivos españoles, seguido por búsquedas exhaustivas en repositorios nacionales y locales.
En general, en el trabajo se aborda una variada gama de fuentes documentales y se exponen novedosos datos sobre los actos fundacionales y la preparación del terreno que se convertiría luego en ciudad. Ya en otros posts – y publicaciones – hemos discutido y difundido sobre la inmigración isleña, la demografía, el primer escudo diseñado para representar a la ciudad, los mapas utilizados para la fundación, entre otras cuestiones.
En esta ocasión compartimos un breve abstracto de las conclusiones. Para más información, convidamos al lector interesado que acceda al documento original, en el cual se presenta una amplia lista de materiales de obligada consulta para continuar con el rescate histórico que nos proponemos, y al que otros igualmente contribuyen o contribuirán. Este es nuestro granito de arena.
[…La información presentada, alguna de ella novedosa e inédita, nos permite múltiples perspectivas sobre el proceso pre y fundacional, donde resaltan cuatro momentos importantes. El primero a finales de 1681, cuando el gobernador Fernández de Córdoba impulsa, con un reconocimiento de la bahía, cálculos y planos realizados por el ingeniero Juan de Síscara, el proceso de fortificación y población que fue aprobado en la real cédula del 12 de abril de 1682. En este momento se escoge el sitio para urbanizar al fondo de la bahía entre los ríos San Juan y Yumurí. El segundo entre 1687 y 1688, cuando el gobernador Diego Viana Hinojosa adquiere permiso real para fortificar la desembocadura del río San Juan y realiza los primeros trabajos en el sitio que sería luego la ciudad de Matanzas al comenzar una cantera y un horno de cal. El tercer momento ocurre en enero de 1690, cuando el gobernador interino Severino de Manzaneda realiza un viaje de reconocimiento, igualmente acompañado por el ingeniero Juan de Síscara donde se insiste en los errores de los reconocimientos y planos anteriores. La Laja resultó no ser un obstáculo y Manzaneda sugirió relocalizar la ubicación de la fortaleza más al fondo de la bahía. Un cuarto momento fue el fundacional, en el año 1693. Desde enero se desmontó, delineó y midió el terreno que sería la urbe y se reubicó la fortaleza en contra de las órdenes reales. Las dimensiones que tomaría la extensión urbana y los solares fueron resultado de mediciones tomadas desde enero de 1693 por el agrimensor Uribe Ozeta y el ingeniero militar Juan de Herrera. Las primeras familias de emigrantes canarios llegaron al sitio a finales de mayo de 1693 para comenzar a poblar en vísperas de la fundación. Asimismo, pasaron el asentista, maestros y esclavos constructores a continuar las construcciones de la fortaleza.
El castillo tuvo meses de preparación y condicionamiento del terreno desde enero de ese mismo año, lo que puede interpretarse como el comienzo de la construcción, aunque su “primera piedra” no fue colocada oficialmente hasta el 13 de octubre de 1693. Al final, el Castillo de San Severino no se construyó en Punta Gorda, según estrictamente le indicó la Junta y el Rey a Manzaneda. Esta localidad constituye un accidente geomorfológico que ha variado en cuanto a su ubicación en la cartografía de la bahía desde entonces. Igualmente surgen los topónimos del “Morrillo” y “la Vigía”, entre otros, como puntos identificados y con orígenes anteriores a 1693. Nuestro análisis revela que la playa arenosa del margen norte del antiguo río de Matanzas, actual San Juan, ya se conocía como “de la Vigía” desde el tiempo de Viana, lo que se extendió luego a la toponimia de la primera plaza fundacional y el fuerte que años después se construyó allí, y no viceversa, como se pensaba tradicionalmente.
Matanzas finalmente emergió de un plan predestinado con planta detallada y el impulso de las cédulas reales. Pero no siguió a rajatablas todas las ordenanzas reales o Leyes de Indias. Entre las labores reluce el desempeño del ingeniero Juan de Herrera, el agrimensor-escribano Juan de Uribe Ozeta en todo el proceso fundacional, siendo igualmente importante el aporte de Juan de Síscara sobre la organización cartográfica y el planeamiento en la disposición final de la ciudadela sobre el terreno.”]
Esperamos que este nuevo tratado aporte mayor conocimiento y reveladores datos no solo al pueblo matancero, sino a todos los coterráneos interesados en nuestra identidad y en nuestras raíces. Que esta información continúe guiándonos en develar nuestra identidad.
Cita recomendada
Orihuela León, J., R. A. Viera Muñoz, & O. Hernández-de-Lara (2020). Los procesos prefundacionales de San Carlos de Matanzas (1680-1695): perspectivas historiográficas. Cuba Arqueológica 13(1): 39-64.
Disponible a descargar gratis, aqui.
lunes, 8 de octubre de 2018
El Primer Escudo de Matanzas data a 1694
Acabamos de recibir la grata noticia de que nuestro artículo sobre el primer escudo de armas o blasón de la ciudad de Matanzas fue publicado en la Revista Matanzas, bajo la dirección de Alfredo Zaldívar. Para aquellos que no tienen acceso a ella, aquí presentamos una muestra de las conclusiones presentadas allí. Para mayor informacion vease el articulo original de la Revista Matanzas.
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| Escudo de Armas o Blasón Escudo republicano de la provincia de Matanzas, aprobado el 8 de octubre de 1917, y asimilado por el Cabildo el 21 de enero de 1918. |
El tema que aquí abordamos se basa en un interesante documento depositado en las arcas del Archivo General de Indias, donde dentro de un legajo referente a la fundación de San Carlos Matanzas, se encuentra la descripción del primer blasón ideado para la naciente ciudad en 1694.
| Escudo de Matanzas segun aparece en la prensa La Aurora de Matanzas. 1833. |
Según las Actas que recoge la historia, el lunes 12 de octubre de 1693, en presencia de oficiales de la Capitanía General de Cuba, el gobernador Severino de Manzaneda nombra y funda la ciudad de San Carlos de Matanzas. Poco más de un año después, el 3 de noviembre de 1694, desde la capital de la isla redacta una carta al rey Carlos II, donde revela su larga visión para la nueva ciudad de Matanzas y la descripción de su primer escudo de armas:
Manzaneda suplicaba que dicha proposición fuera de “…agrado a su majestad…” y que el soberano honrara “…con escudo de las dos puertas y castillo…” a la nueva ciudad de Matanzas.
Quedó así registrado en el tiempo el primer diseño heráldico que debía exhibir la ciudad de San Carlos de Matanzas. Los otros dos emblemas más antiguos conocidos hasta ahora, son los escudos del Castillo de San Severino (1694-1737), el escudo otorgado a Amoedo en 1734 y el de la bandera coronela del Regimiento de Matanzas de 1769. Esta última lleva el escudo real de Carlos III, Casa de Borbón (ver Orihuela et al., en edición). Lamentablemente, el diseño no parece haber sido acompañado con un modelo gráfico. El matancero Miguel A. Bretos, quien proveyó las primeras pistas sobre la existencia de este escudo, lo asumió denegado. Sin embargo, en otro documento del citado legajo hemos encontrado registro de su aprobación. El rey, actuando a través de la Junta y su regidor, el licenciado Zevallo, dictan el 12 de octubre de 1697, que dicha sugerencia de Manzaneda “no tiene inconveniente”, y “que ha sido muy de agrado de su Majestad…”. El mismo documento indica haber sido “visto y acordado” por la secretaría el 25 de febrero de 1698. Pero había un inconveniente, el gobernador y ciudadanos de la nueva población serían responsables de llevar los trámites a feliz término. Para entonces ya era muy tarde. Habían pasado cuatro años desde la carta del 3 de noviembre y Severino de Manzaneda tenía ahora otro cargo más elevado lejos de Cuba. El escudo quedó aprobado, pero olvidado.
Resulta reveladora la relación que quiso establecer Manzaneda entre el escudo habanero y el que proponía para Matanzas. Otra descripción del supuesto escudo no deja lugar a dudas o interpretaciones erróneas: “…le ha dado por armas dos puertas y un castillo y dos llaves que tiene por armas la ciudad de La Habana…”. La capital portaría las llaves y Matanzas las puertas, simbolizando de esa manera la estrecha relación geográfica y socioeconómica que existía entre las dos regiones.
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| Escudo de armas de la Ciudad de La Habana, como aparece en las Actas Capitulares capitalina. |
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Escudos apócrifos
de Matanzas
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Nuestro escudo nos unifica y nos representa a todos. Sus atributos son la simbología de nuestro paisaje, de nuestra geografía, y de nuestro pasado. El matancero carga con orgullo el espíritu de un legado centenario. Ese halo inasible, esa imagen, ese inextirpable latido que llamamos matanceridad es inherente a todo aquel que lleva el polvo de Matanzas en sus huesos. Pero el ego descuidado es vigor a la intangible belleza del concepto y por eso, tal vez el escudo de la ciudad de San Carlos y San Severino de Matanzas pueda vivir como estandarte, como representación, cual quilla de nave capitana a todos los que nos sentimos profundamente agradecidos de ser matanceros.
Agradecimientos especiales: A Alfredo Zaldívar, editor y coordinador de la Revista Matanzas, a Jessica Duarte, intrépida periodista matancera, y a Dolores de los Ángeles Pardo, quien se aseguró de que nuestro mensaje llegara a su destino. ¡Gracias!
viernes, 10 de febrero de 2017
La leyenda del Canímar
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| Dr. Américo Alvarado |
| Valle de Yumurí |
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| Desembocadura del río Canímar |
| Representacion de un murcielago, tayado en piedra. Foto de Julio Larramendi. |
martes, 27 de diciembre de 2016
El Primer Invierno- Matanzas, diciembre 1693
Es oficialmente inverno en el hemisferio norte y no dejamos de imaginar aquel primer diciembre en 1693, cuando comenzaron a vivir en tierras matanceras familias de inmigrantes procedentes de las Islas Canarias.
Varias familias fueron traídas, por orden del rey Carlos II a Cuba en 1689 para fomentar una villa entre ríos, al fondo de la bahía de Matanzas. La construcción de su iglesia trajo cierta seriedad al proyecto y la construcción del castillo de San Severino, con sus cañones, debía proteger la población, el comercio de la villa y la retaguardia de este crucial limite habanero.
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| Comarca matancera vista en un plano francés del siglo XVII. Bibliothèque nationale de France, département Cartes et plans, GE SH 18 PF 144 DIV 7 P 1. Autor: Pierre Lebret de Flacourt. |
Cuenta José Mauricio Quintero, historiador matancero del siglo XIX, que “fabricaron sus casas de guano y con un barro amarillo y de muy bajo puntal, con horcones de madera dura y forradas de cañas de castilla...” (Quintero, 1878:16-17). En la zona habían numerosos bosques cuyas maderas sirvieron para erigir aquellas primeras viviendas. Las cañas, entre los arboles maderables y suelos arcillosos, comprendían la lista de materiales disponibles para aquellas primitivas construcciones.
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| Aspecto idealizado de la joven ciudad de Matanzas plasmada en un plano de P. Le Courtois, en 1701. Bibliothèque Nationale de France, département Cartes et plans, GE SH 18 PF 144 DIV 7 P 2 D |
¿Habrán pasado frío en aquellas construcciones primitivas y rusticas?
Seguramente. Los inviernos del hemisferio norte fueron anormalmente fríos entre 1630 y 1760, durante un estadio que se conoce como “La Pequeña Edad de Hielo”. Los archivos climáticos e investigaciones en estos respectivos campos, como los de modelaje de clima basado en la variación de elementos biológicos, atmosféricos y meteorológicos, indican tres períodos críticos: uno de ellos desde 1650 hasta comienzos de 1700; justo cuando se funda la comarca. Estas temperaturas más frías no solo trajeron mareas más bajas en la bahía y noches mas frías, sino que también trajo aridez, afectando la vegetación, caza y pesca; todos vitales al sostén y el desarrollo de la naciente ciudad de Matanzas.
Gracias a tantos que la aman, Matanzas hoy se despierta y renace desde sus ruinas, contándonos un pasado riquísimo en historia. Debemos escucharla con todos los sentidos, proteger cada piedra, cada rincón, para no perdernos nada de tan rico patrimonio.
Fuentes
Quintero y Almayda, J. M. (1878). Apuntes para la Historia de la Isla de Cuba con Relación a la Ciudad de Matanzas. Imprenta El Ferro-carril, Matanzas.Biblioteca Digital Cubana.









