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domingo, 25 de julio de 2021

Nuevo estudio heráldico e histórico del blasón del Castillo de San Severino

Se ha publicado nuestro trabajo “El escudo de armas del Castillo de San Severino de Matanzas: estudio heráldico e histórico” por la revista científica de Arquitectura y Urbanismo (CUJAE). Enlace abajo:

https://rau.cujae.edu.cu/index.php/revistaau/article/view/630

Aprovecho para agradecer a los coautores Odlanyer Hernández de Lara y Ricardo Viera. A Mabel Matamoros y todo el equipo de redacción-edición de la revista, y a todos los que en estos últimos años nos ayudaron a mejorar esta investigación. Este es otro aporte a la historia del Castillo de San Severino y su historia. 

Aquí les compartimos un resumen bilingüe

Se presenta una investigación heráldica e histórica del único escudo de armas que se conserva en el Castillo de San Severino, fortaleza permanente abaluartada que comenzó a construirse en 1693 en ocasión de la fundación de la ciudad de Matanzas, Cuba, para la protección del puerto y nueva población. Para establecer su origen y simbología, se realizó un análisis documental y basado en un conjunto de evidencias se revela que el escudo presente en el frontispicio de la fortaleza es de confección local y representa al linaje de un caballero de la Orden de Santiago; pudiendo corresponder al blasón de Severino de Manzaneda, gobernador que comenzó e impulsó su construcción entre 1693 y 1695. De este estudio, además, surgen varias hipótesis sobre la fecha de realización y montaje del blasón, que pudieran responderse a través de un estudio arqueológico más detallado.

Here we provide a historical investigation on the surviving coat of arms at Castillo de San Severino, a colonial fortification in Matanzas city, Cuba, which began construction in 1693 for the protection of the bay and the foundation of the city there settled. Through primary documents, we provide an analysis to help explain the history and heraldry of the coat of arms located on the main entrance of this fortification. We consider that the current coat of arms was carved on local rock by an untrained carver and its symbology likely represents that of Severino de Manzaneda, the governor who started and supported the construction of the Castillo. These new data prompted several hypotheses that explain its symbology and time of mounting that require further archaeological testing. This new information is directed at a better understanding of the piece for future conservation.

Como citar: 

Orihuela León, J., Hernández de Lara, O., & Viera Muñoz, R. A. (2021). El escudo de armas del Castillo de San Severino de Matanzas: estudio heráldico e histórico. Revista científica De Arquitectura Y Urbanismo, 42(2), 44–57. Recuperado a partir de https://rau.cujae.edu.cu/index.php/revistaau/article/view/630


viernes, 30 de octubre de 2020

Un blasón para Matanzas: antecedentes para una historia conocida

El uso de escudo de armas o blasones para representar ciudades y provincias se remonta a la primera mitad del siglo XIII. En la península ibérica, los blasones regionales fueron utilizados por monarcas durante la Reconquista para identificar regiones bajo el dominio unificador que les rendían lealtad.  A su vez, las ciudades adquirían una distinción simbólica dentro de la jerarquía de la nación. Estos escudos representaban al reino y algunos de ellos portarían luego divisas que profesaban de “muy leal”, “muy noble” o “muy heroica”.  

Después de 1492, ciudades de la América hispana también gestionaron por ostentar sus propios blasones que las identificaran como parte integral del imperio; otros fueron provistos por sus gobernantes como actos de fundación. Este fue el caso de la Ciudad de San Carlos de Matanzas – Cuba, fundada en octubre de 1693 por el gobernador Severino de Manzaneda, bajo orden real de Carlos II. El 3 de noviembre de 1694, Manzaneda había remitido al rey la primera proposición de un escudo de armas para la ciudad.  Este blasón Manzaneda lo ideó como complemento al de la ciudad de La Habana – con la cual Matanzas guardaba estrecha relación geográfica y militar -, pero cuyo diseño se asemejaba al de su ciudad natal, Balmaseda (País Vasco o Euskadi):

“…titulada ciudad de San Carlos insinuando a Vuestra Majestad la jurisdicción…Me he proveído darle por armas dos puertas que corresponden a las dos llaves que tiene por armas esta ciudad [se refiere a La Habana]  que miran por antonomasia ser las llaves de ambos reinos…”


Escudo de armas de la ciudad de Balmaseda (País Vasco o Euskadi)


Este blasón fue aprobado en febrero de 1698, pero olvidado. No fue hasta comienzos del siglo XIX que se presentara una nueva solicitud de blasón para la ciudad de Matanzas.  

Hasta hace poco, la historia de los escudos de Matanzas se extendía solo hasta diciembre de 1828, cuando Fernando VII, aprobó por real cédula un escudo de armas representativo de la corona para la creciente ciudad.  Esta petición venía con la gracia de que los ciudadanos colocarían su estatua en una alameda de la ciudad. Esta galanura fue instituida por el cabildo el 13 de febrero de 1829 – dando origen al blasón colonial reconocido por historiadores.  No obstante, era desconocido que ya desde 1816 se había presentado una propuesta anterior que resultó en varias gestiones oficiales recogidas en documentos inéditos. La divulgación de estos y la historia que recogen son la intención de esta breve nota. Por lo general, la heráldica cubana ha sido un tema de poca investigación y exigua divulgación.  Los detalles que en estos nuevos documentos se registra nos permiten rescatar una parte de la historia heráldica de la ciudad de Matanzas. 

La fuente documental aquí seguida se titula “Expediente de Juan Dios Lucas de Morejón e Ignacio González", localizada en el Archivo General de Indias (AGI).  En ellos se registra que hacía principios de junio de 1816, actuando como comisarios del Ayuntamiento Juan de Dios Lucas de Morejón - regidor alférez real - e Ignacio González - alcalde mayor provincial, enviaron varias solicitudes al rey para obtener ciertos reconocimientos para la ciudad de Matanzas. Entre estos, estaba la proposición para un escudo de armas para la ciudad y un nuevo uniforme para los oficiales del Cabildo. Los comisarios suplicaban que

“… humildemente se digne S. M. dispensar a la ciudad de Matanzas el escudo de armas que se indica en el modelo que acompaña y otros semejantes, con el tratamiento correspondiente, y así mismo la gracia del uso de un uniforme propio de un cuerpo político…”  

La petición venía auspiciada por las peculiares cualidades de la ciudad, entre las que se encontraba su ventajosa posición geográfica y su potencial agrícola. Estas circunstancias fueron consideradas por el presidente del Consejo de Indias, como 

“…dignas del aprecio de V. M. ponen a Matanzas en el rango y considerado de las otras ciudades principales de la isla de Cuba (…) todas ellas por lo mismo tiene escudo de armas propio, concedido por la autoridad soberana como un testimonio de sus preeminencias y de su constante lealtad y amor a V. M…”

El rey consideró que resultaría en un “…poderoso estímulo…” para el fomento regional, con el anhelo de que algún día Matanzas se convirtiera en “…una de las más florecientes ciudades de aquella isla…”. En los años venideros Matanzas crecería exponencialmente, en población, diversidad y riqueza económica – convirtiéndose en 1860 en la reconocida “Atenas de Cuba”. Pero este crecimiento – este cambio - venía gestándose desde la segunda mitad del siglo XVIII.  La primera habilitación de su puerto ocurrió intermitentemente entre 1793 y 1794. Su población fue nutrida por la inmigración haitiana-francesa, e influyó al despegue económico en aras de la industria azucarera. Para 1815 se había reorganizado el Gobierno Político y Civil de su jurisdicción, culminando en la total habilitación de su puerto al comercio global en 1818.  El memorial adjunto a la petición del blasón sumaba los números de haciendas, ingenios, cafetales y vegas de tabaco. Estos datos apoyaban el auge que comenzaba a experimentar la ciudad. 

En cuanto la petición del blasón, para el 23 de junio de 1816 había llegado a la corte. Por orden real, la petición había sido aprobada por el rey y remitida al Consejo de Indias para que consultara su proceder, el memorial y dibujos acompañándolos.  Todo fue convenido con el fiscal de campo del Consejo Real tres días después. El Consejo respondió que convertiría en “apoderados” o encargados de los trámites a los comisarios del Ayuntamiento – Morejón y González –. Tanto ellos como el Consejo informarían a la Capitanía General y gobernador de Cuba. Se reiteraba la aprobación de la petición por orden real, con todo convenido el 29 de julio “…como lo propone el fiscal…”. Para el 21 de octubre de ese año, el fiscal del Consejo había pedido se le devolviera el testimonio y los dibujos: “…que se remita copia de la representación y testimonios presentados por los referidos…” Pero de su devolución no quedó constancia en los legajos aquí estudiados.

Los trámites para el blasón de Matanzas, como toda gestión gubernamental de la época, se extendería por varios años. En 1817, el alcalde del Ayuntamiento de Matanzas, Juan de Tirry y Lacy devuelve a manos del Capitán General de Cuba, Juan Cienfuegos, copias de las solicitudes hechas por los apoderados, para que estos fueran remitidos una vez más a corte “…con el fin de conseguir el escudo de armas…” y el consentimiento al uso del uniforme para el cabildo que se solicitaba. Esta petición, según Tirry, era “…muy justa, especialmente si se funda en la debida comparación del rango e importancia política de esta ciudad con los demás pueblos de la isla, que disfrutan de ella…”. Según Tirry, Matanzas merecía “…la más alta y provisora atención como posición cardinal para su innovación y defensa y como llave maestra del mar tan frecuentado que la baña…”.  Estos expresos deseos demuestran una visión excepcional del futuro del puerto y la ciudad. El informe documentaba para entonces, una creciente población de 6000 almas “sin contar los niños”, en toda la urbe.  Un par de años más tarde, Tirry diría de Matanzas que su “…pública utilidad y comodidad, que en cuatro años ha hecho de Matanzas un lugar floreciente, aumentado su riqueza y la concurrencia de forasteros…” 

El gobernador de la Isla respondió al alcalde de Matanzas haber recibido los documentos para impulsar el trámite. Además, se daba por enterado del oficio expedido el 21 de octubre de 1816 “…sobre haber acordado el Consejo de Indias que informase (…) acerca de la solicitud de los comisarios del Ayuntamiento de Matanzas…”  Para esta fecha, Cienfuegos había remitido toda la documentación, con copias y diseños, nuevamente a la metrópoli. Estos documentos no acompañan el dossier que aquí se da a conocer, ni hay otra documentación adjunta de esos años. 

Al parecer, un estancamiento de las gestiones fue incitado por la pérdida del memorial original, que incluía el diseño del escudo original y la otra importante documentación.  El Consejo había convenido el 10 de marzo de 1819, donde se precisó que el asunto sea devuelto al fiscal de Nueva España. La documentación de estos trámites está ausente en este legajo. Para el 14 de abril de 1819, los fiscales de Madrid registraron haber recibido los documentos solicitados del gobernador de La Habana y los pedidos al Ayuntamiento de Matanzas. No obstante, el asunto fue cuestionado, como quedó recogido en un pasaje:

Mas que así sea, lo que no justifica, ni resulta del expediente, no aparen ni se alegan mas méritos de Matanzas que haberse mantenido pacifica en el tiempo pasado de las revoluciones y haber hecho algunos donativos que tampoco se especifican…”  

En fragmento arriba citado, quedó insinuado que lo expresado sobre la ciudad no había sido suficiente para adquirir los solicitados reconocimientos de la Corona. Al parecer, el censo realizado por Tirry en 1815, y cuyas estadísticas se incluyeron en el memorial remitido en este dossier, había sido realizado “…con motivo de una pretensión del Ayuntamiento sobre escudo de armas…”, como recogió la prensa local varios años después.  El fiscal no solo señalaba de no haberse proporcionado detalles sobre los donativos que hacían los feligreses matanceros, sino también “…que no se ha verificado porque no está en el expediente ni el modelo del escudo de armas, ni los dibujos del uniforme que se cita…”. Según la carta del fiscal, los documentos ausentes se consideraron “…extraviado todo con el principal del informe del gobernador de La Habana, por ser el duplicado el que se tiene…”

Copias del blasón que se encuentran en el Archivo General de Indias (AGI/MP-Escudos,165)
y el Archivo Histórico Provincial de Matanzas (Libro Becerro). 

Tanto el Consejo como la fiscalía acordó conceder “…a aquel ayuntamiento la [petición] del escudo de armas…”, aunque “…cuyo modelo (…) ha desaparecido el remitido…”. Para darse proseguimiento, se ordenaba a un “rey de armas” – oficial de la heráldica colonial - para que investigase sobre el asunto. Este debía poner en claro las “… noticias de la situación y demás circunstancias (…) y se presente a la aprobación del Consejo…” para finalmente dar cumplimiento a la real orden que ya había otorgado el Rey el 21 de junio de 1816.  El 23 de octubre de 1819 se acordó que “…hágase saber al apoderado que presente un diseño el escudo de armas…”. Este quedó informado el 27 de ese mismo mes. Es de suponer que esto no se cumplió a tiempo, dado que dicha gracia real no se consumó hasta 1828 - cuando por otra real orden se le concede el escudo oficial de la ciudad de Matanzas. 

En la mencionada real cédula de 1828 se concede a la ciudad, otra vez oficialmente, pero esta vez decisivamente “…el uso de uniforme a sus individuos, en particular el escudo de armas y la estatua de S. M. en el centro de la alameda.”   Con esta gracia, Fernando VII había tenido “…bien aprobar con el escudo de armas de la ciudad que así mismo concedo…” como testimonio de aprecio y gratitud. Copias del diseño aprobado del blasón se encuentran en el Archivo General de Indias (AGI/MP-Escudos,165) y el Archivo Histórico Provincial de Matanzas (AHPM). Estas copias, sin embargo, no son idénticas y contienen discrepancias.

La copia en el AHPM se encuentra en la segunda página del Libro Becerro, a todo color. Esta versión diferencia de la copia del AGI en el color de las joyas a la base de la corona, el color y disposición de las hojas de café y caña de azúcar, a los lados, en la forma y reflexión del Pan de Matanzas. El decorado del motivo central, más los bordes del blasón son también diferentes. En la versión archivada en Matanzas, la cinta en la base del blasón no contiene inscrita divisa, mientras que en la del AGI lee “Siempre Fiel”. Una versión de 1831, que apareció en el órgano central de la prensa local, La Aurora de Matanzas, es una amalgama de ambas versiones del blasón. Estas diferencias resultan curiosas, dado que las dos versiones debían ser idénticas, si fueron creadas por un mismo autor y con un mismo destino. Ambas versiones, aunque disímiles, se asocian a la misma concesión de 1828. No hay evidencia de que alguno de estos represente la versión perdida de 1816.  

Lamentablemente, el blasón para Matanzas quedó trabado en la malla burocrática, extendiéndose los trámites hasta realizarse una nueva solicitud en 1828. Esta venía acompañada con un favor quizás más contundente que los presentados anteriormente: el de colocar una estatua del rey en una plaza o alameda de la ciudad. Al parecer se había olvidado para ese entonces, tanto la versión aceptada de Manzaneda como la de 1816. Esta constituye entonces la segunda proposición de blasón para la ciudad hasta ahora conocida. 

El escudo de armas concedido por la autoridad soberana de Fernando VII, ha quedado como un testimonio de las preminencias y profesada lealtad de la ciudad y sus oficiales. A la vez, como un símbolo del poder monárquico sobre sus sujetos – el blasón de la ciudad fue una insignia de la extensión de la Corona en la isla: la “…gloria y esplendor de la monarquía”. Hoy es un recuerdo de nuestro pasado colonial y de nuestra hispanidad – adornado con símbolos de nuestra geografía e identidad criolla.

Escudo de armas de Matanzas.
Fuente: La Aurora de Matanzas, 1831. 


Este articulo esta publicado en Librínsula: La Isla de los Libros Perdidos, órgano divulgativo de las ciencias sociales historia de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, accesible en este enlace, aquí. Aprovechamos este momento para extender un sincero agradecimiento a Ramón Cotarelo Crego por sus múltiples revisiones y a Johan Moya por su apoyo e incondicional bondad. Gracias. 


Cita: 

Orihuela León, J. (2020). Un blasón para Matanzas: antecedentes de 1816. Librínsula: Revista Digital de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, no. 401 (Nombrar las Cosas): 1-9. 


Fuentes

Agustín, A. (1734). Diálogos de las Armas, I Linajes de la Nobleza de España (recopilación de Gregorio Mayáns I Siscar). Madrid: Imprenta de Juna de Zúñiga. 

Alfonso, P. A. (1854). Memorias de un Matancero. Matanzas: Imprenta Marsal. 

Andrade, P. B. de (1954). Heráldica: Ciencia y Arte de los Blasones. Barcelona: Editorial Fama. 

Arista-Salado, M. (2013). Los Escudos Cívicos de Cuba. Miami: Publicia. 

Armengol y de Pereira, A. (1947). Heráldica. Segunda Edición. Barcelona: Talleres de Mariano Galve. 

Cotarelo Crego, R. (1993). Matanzas en su Arquitectura. La Habana: Letras Cubanas. 

García Santana, A. (2009). Matanzas: La Atenas de Cuba. (Con fotografías de Julio Larramendi). Sevilla: Escandion Impresores, Ediciones Polymita. 

Orihuela, J., Viera Muñoz, R. A., y Pérez Orozco, L. (2018).  El blasón desconocido: Primer escudo de San Carlos de Matanzas. Revista Literaria y Artística Matanzas, XIX (2/3), 5-11. 

Orihuela, J. (2019). Severino de Manzaneda: Capitán General gobernador de Cuba a finales del siglo XVII. Librínsula: Revista Digital de la Biblioteca Nacional José Martí, 385, 1-12.   

Ruiz Rodríguez, R. (1993). El escudo de armas de la ciudad de Matanzas. Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, 1, 137-145. 

Treserra Pujadas, José A. (1941). Reseña Histórica de Matanzas 1508-1941. La Habana: Imprenta La Revoltosa. 

Ybarra y Bergé, J. (1967). Escudos de Vizcaya. Bilbao: Librería Villa.


lunes, 23 de marzo de 2020

El escudo perdido del Castillo de San Severino

¿Sabían que el Castillo de San Severino, fortaleza colonial localizada en la bahía de Matanzas, portó escudos que constituyen un ejemplo significativo de la heráldica colonial hispana? Pues así fue. Nuestra fortaleza exhibió dos escudos de armas, por lo menos hasta la primera década del siglo XX: uno sobre el frontispicio de la puerta principal y otro, hoy desaparecido. Este enigmático blasón es conocido actualmente solo a partir de una fotografía en el Magazine de La Lucha, número especial publicado en 1926.

Escudo de armas de Francisco Güemes y Horcasitas:
antiguo escudo desaparecido del Castillo de San Severino,
 tomado del artículo de Juan D. Byrne en el Magazine de La Lucha (1926). 
Foto publicada erróneamente invertida. 

Dos de las referencias conocidas de los escudos corresponden al que esta preservado en el frontispicio de la fortaleza. Estas proceden, una del Guión de Recorrido del hoy Museo de la Ruta del Esclavo y la otra de la monografía de S. Hernández Godoy sobre la fortaleza. En la primera se manifiesta que: “El mismo era el Escudo Real de la Casa de Austria, a la cual pertenecía Carlos II, rey regente de España durante el período de construcción del Castillo”. Esta adjudicación es errónea y probablemente fue asumida a partir del hecho de que San Severino se comenzó a construir durante el reinado de Carlos II (1665-1700), aunque no fue hasta la década del cuarenta el siglo XVIII que se culminaron las obras. Por otra parte, la historiadora matancera, Dra. Hernández Godoy hace referencia una carta del Gobernador de Cuba Severino de Manzaneda al Rey de España Carlos II con fecha del 26 de octubre de 1695, donde se informa que: “…el frontispicio de la puerta de cantería estaba perfectamente acabado y se encontraban colocadas las armas de su majestad al costo de 12000 Reales (1500 pesos)”. Sin embargo, el escudo que se conserva en el Castillo de San Severino no se corresponde con el de Carlos II ni Felipe V, su sucesor, o a ninguno de la Corona española.

Blasón de la Corona española en el frontispicio La Cabaña, en la ciudad de La Habana.

El segundo escudo, cuyo paradero se desconoce hoy, fue incluido en el Magazine de La Lucha, donde se publica la única foto conocida hasta el momento. No se conocen otras referencias gráficas de este blasón. ¿Pero entonces a que personaje o soberano pertenece y que representaba ese escudo? ¿Cuándo se colocó allí? Esa es la trama de nuestro articulo recientemente publicado en la Revista Matanzas (No. 1, 2020). Allí intentamos responder estas preguntas. Aquí les compartimos parte de ese artículo.

Pues resulta, basándonos en un análisis heráldico y varios meses de búsquedas en archivos y viejos documentos, que este enigmático blasón es casi idéntico, en su simbología y organización (dada las variaciones que existían entre el diseño de blasones del momento), al escudo personal de Juan Francisco Güemes y Horcasitas, según aparece en el cuadro del pintor mexicano Miguel Mateo Maldonado Cabrera (1695-1768); pintor mestizo quien le realizó varios retratos durante su posición como Virrey de Nueva España. 

 Juan Francisco Güemes y Horcasitas.
Óleo sobre tela de 95 x 75 cm,
 realizado entre 1746-1755 por Miguel Mateo Maldonado y Cabrera.
Colección del Museo Nacional de Historia,
Castillo de Chapultepec (CONOCULTA-INAH).

El blasón que aparece en la esquina superior izquierda del retrato muestra un escudo de estilo francés, acuartelado, con timbre adornado de corona de marques. El primer cuartel contiene a los reyes de España, ambos coronados en tierra, con fondo o campo azur. El segundo cuartel contiene dos cabras sables, de manchas blancas, recostadas a un árbol de manzano o encino de sinople enterrado de color natural, con frutos y campo dorado. El tercer cuartel contiene un fruto de granada en campo blanco, símbolo que representa al reino de Granada adquirido en 1492. Basado en ello, queda claro que el escudo perdido del San Severino fue de Güemes.

Comparese el blasón de la izquierda (A) del Castillo de San Severino con los dos de Güemes en centro y derecha. 



¿Cuándo se instaló?


Un primer rango cronológico para su instalación en la fortaleza se puede inferir a partir de la gobernación del Capitán General Francisco Güemes, que sucedió entre 1734 y 1746. Según la historia constructiva del Castillo de San Severino, sabemos que la Plataforma de San Juan se concluyó e inauguró bajo los esfuerzos de la misma gobernación. La colocación del blasón debió ocurrir en algún momento entre la finalización e inauguración de la Plataforma de San Juan, que el mismo Güemes anuncia en 1736. 

En el mismo muro donde se encontraba el blasón, pero más cerca de la entrada a la plataforma, se encontraba la tarja fundacional, hoy también desaparecida. Allí se conserva un espacio rectangular socavado, a ~ 3 metros de altura. Pedro Antonio Alfonso menciona la tarja como una “inscripción que se halla a la entrada del fuerte y paraje de donde arranca la indicada plataforma”. José Mauricio Quintero, a finales del siglo XIX, alude a “la inscripción que se halla a la entrada del fuerte” sin mayor detalle. Es a partir de Alfonso que se difunde el contenido de la tarja, y quien transcribe la inscripción por vez primera. Según Alfonso, esta leía:

Reinando la majestad Católica del Rey Don Carlos de España, siendo Gobernador y Capitán General de la Isla de Cuba el Mariscal de Campo don Juan Francisco Güemes y Horcasitas, construyo este castillo don Ignacio Rodríguez, y por don Antonio de Arcedo se hizo esta plataforma” 

Hasta ahora se había considerado la fecha de 1734 para la colocación de la tarja. Sin embargo, este año no parece ser acertado, ya que es justo en 1734 cuando Antonio Arredondo, el ingeniero militar encargado de terminar el San Severino, hace la primera inspección de las obras constructivas en la fortaleza, bajo las órdenes del gobernador Güemes. En este año Arredondo confecciona el plano del Castillo de San Severino donde se demuestra la Plataforma de San Juan y el camino cubierto todavía como proyecto, lo que indica que en esta fecha la misma no se había terminado o incluso iniciada su construcción. Güemes en carta fechada 18 de febrero de 1735 “prometía que las fortificaciones exteriores estarían acabadas en el plazo de seis meses” y un año más tarde indica en carta de 27 de febrero que la plataforma estaba totalmente terminada.

Por otra parte, la tarja perdida no da fechas exactas y contenía elementos algo contradictorios. Por ejemplo, esta nombra al rey católico “don Carlos” como regente (“reinando”), menciona a un tal “Antonio Arcedo” e indica a Ignacio Rodríguez como constructor en vez de comandante. La información de la tarja pudo haber sido una simbólica quimera. El rey Carlos, al cual se refería la tarja, es posiblemente Carlos II (1665-1700), bajo cuyo reinado se inició la construcción del Castillo de San Severino. Igualmente, Antonio Arcedo parece ser una abreviación, error de inscripción o corrupción de Antonio de Arredondo, quien nombró y concluyó la plataforma. El hecho de que Ignacio Rodríguez se identifique en la tarja nos permite un rango cronológico aún más restringido. Entre 1737 y 1743, Ignacio Rodríguez ejerce como comandante de la fortaleza, lo que implicaría que tanto la tarja como el blasón daten de este período.

Bandera coronela del regimiento de pardos de Matanzas, 1760
portando las armas de Carlos III. 

Aparentemente, esta sección de la fortaleza no fue afectada por la voladura que le causara el comandante Felipe García de Solís en agosto de 1762, después de la toma de La Habana por los ingleses, y por ende sobrevivió los períodos de abandono y reconstrucción, entre 1762 y 1772. Tanto la tarja como el escudo parecen haber perdurado hasta por lo menos la segunda década del siglo XX, ya que se hace referencia a ambos en el Magazine de La Lucha, lo que sugiere que se extravió en algún momento posterior a 1926, año de esa publicación.


¿Dónde se encontraba ese escudo?


Tomando como referencia la fotografía publicada en el Magazine de La Lucha, se trató de encontrar su ubicación en el Castillo de San Severino. Un espacio vacante en el muro al fondo del camino cubierto, antes de llegar a la puerta que da acceso a la Plataforma de San Juan, se señaló como posible lugar original del escudo perdido. La comparación de la fotografía histórica con el muro a partir de la distribución de los sillares alrededor del vano encontrado confirmó la correlación de este con este espacio. Durante la comparación, en primera instancia no coincidía la distribución de los sillares y sus juntas. Sin embargo, al girar la fotografía histórica, todos los atributos coincidieron perfectamente. Ello demostró que la fotografía fue publicada al revés -con la base del escudo hacia arriba- en el Magazine de La Lucha, dificultando además la interpretación de los atributos del blasón.

Vista de la entrada de acceso a la Plataforma de San Juan desde el camino aspillerado 
donde se pueden apreciar los espacios vacantes 
donde estuvieron la lápida inaugural y 
el blasón del gobernador Güemes en el Castillo de San Severino.

El portar dos blasones, ninguno referentes directamente a la Corona española, hace del Castillo de San Severino un peculiar ejemplo. La norma era colocar las armas de Su Majestad sobre puertas principales, no en lugares apartados del inmueble, por lo que la posición del blasón en la plataforma también es inusual a pesar de no estar asociado a ningún rey. Su visibilidad era importante ya que dicho blasón representaba una intención política en la que la Corona anunciaba su dominio sobre el edificio militar, territorios o súbditos. Esta interesante peculiaridad contribuye a una mayor relevancia del Castillo de San Severino, tanto en el ámbito local como en el mundo hispano.

Cita recomendada (o para mas información)


Orihuela, J., Hernandez de Lara, O., Viera Muñoz, R. A., y Rodríguez Tápanes, B. (2020). El blasón desaparecido del Castillo de San Severino: Identificación e Historia. Revista Matanzas.


lunes, 8 de octubre de 2018

El Primer Escudo de Matanzas data a 1694

Las vísperas del 325 aniversario de la fundación de la ciudad traen una oportunidad especial para reflexionar en nuestra historia y los hechos que nos corona el tiempo. A través de esta nota, perseguimos la intención de aportar nuevos datos relacionados con nuestro escudo que remontan su génesis a los momentos mismos de la fundación de la ciudad. Sin duda alguna, aún existe valiosa información escondida entre legajos centenarios que se conservan en los archivos. Es tarea nuestra y de todo aquel comprometido con la conservación de nuestra herencia cultural, continuar la búsqueda y rescatar del olvido eterno esos preciados testimonios de nuestra historia.

Acabamos de recibir la grata noticia de que nuestro artículo sobre el primer escudo de armas o blasón de la ciudad de Matanzas fue publicado en la Revista Matanzas, bajo la dirección de Alfredo Zaldívar. Para aquellos que no tienen acceso a ella, aquí presentamos una muestra de las conclusiones presentadas allí. Para mayor informacion vease el articulo original de la Revista Matanzas.

Escudo de Armas o Blasón Escudo republicano de la provincia de Matanzas,
aprobado el 8 de octubre de 1917,
y asimilado por el Cabildo el 21 de enero de 1918.

La historia de la heráldica matancera es poco conocida y ha sido escasamente divulgada. Han sido pocos los que han vertido la tinta de sus plumas en desempolvar y desenredar los nudos que la oscurecen. Para los interesados se hacen imprescindibles los trabajos de Enrique Fontova (1918), el Magazín La Lucha (1923), José A. Treserra (1941, 1955) y Raúl Ruiz (1993). Dicha literatura ha quedado esparcida en el tiempo y constituye hoy una cita obligatoria. Pero lo cierto es que aún queda información importante por sacar a la luz.

El tema que aquí abordamos se basa en un interesante documento depositado en las arcas del Archivo General de Indias, donde dentro de un legajo referente a la fundación de San Carlos Matanzas, se encuentra la descripción del primer blasón ideado para la naciente ciudad en 1694.

Escudo de Matanzas segun aparece en la prensa La Aurora de Matanzas. 1833. 

Según las Actas que recoge la historia, el lunes 12 de octubre de 1693, en presencia de oficiales de la Capitanía General de Cuba, el gobernador Severino de Manzaneda nombra y funda la ciudad de San Carlos de Matanzas. Poco más de un año después, el 3 de noviembre de 1694, desde la capital de la isla redacta una carta al rey Carlos II, donde revela su larga visión para la nueva ciudad de Matanzas y la descripción de su primer escudo de armas:

“…titulada ciudad de San Carlos insinuando a vuestra majestad la jurisdicción…será una de las ciudades de más estimación que haya en la América por su situación y fertilidad. Me a proveído darle por armas dos puertas que corresponden a las dos llaves que tiene por armas esta ciudad [La Habana] que miran por antonomasia ser las llaves de ambos reinos y, como Matanzas y su castillo se hallan en el puerto que cubre ambos canales, el viejo y de Bahama, que es por donde desembocan todas cuantas armadas y tesoros…”

Manzaneda suplicaba que dicha proposición fuera de “…agrado a su majestad…” y que el soberano honrara “…con escudo de las dos puertas y castillo…” a la nueva ciudad de Matanzas.

Quedó así registrado en el tiempo el primer diseño heráldico que debía exhibir la ciudad de San Carlos de Matanzas. Los otros dos emblemas más antiguos conocidos hasta ahora, son los escudos del Castillo de San Severino (1694-1737), el escudo otorgado a Amoedo en 1734 y el de la bandera coronela del Regimiento de Matanzas de 1769. Esta última lleva el escudo real de Carlos III, Casa de Borbón (ver Orihuela et al., en edición). Lamentablemente, el diseño no parece haber sido acompañado con un modelo gráfico. El matancero Miguel A. Bretos, quien proveyó las primeras pistas sobre la existencia de este escudo, lo asumió denegado. Sin embargo, en otro documento del citado legajo hemos encontrado registro de su aprobación. El rey, actuando a través de la Junta y su regidor, el licenciado Zevallo, dictan el 12 de octubre de 1697, que dicha sugerencia de Manzaneda “no tiene inconveniente”, y “que ha sido muy de agrado de su Majestad…”. El mismo documento indica haber sido “visto y acordado” por la secretaría el 25 de febrero de 1698. Pero había un inconveniente, el gobernador y ciudadanos de la nueva población serían responsables de llevar los trámites a feliz término. Para entonces ya era muy tarde. Habían pasado cuatro años desde la carta del 3 de noviembre y Severino de Manzaneda tenía ahora otro cargo más elevado lejos de Cuba. El escudo quedó aprobado, pero olvidado.

Resulta reveladora la relación que quiso establecer Manzaneda entre el escudo habanero y el que proponía para Matanzas. Otra descripción del supuesto escudo no deja lugar a dudas o interpretaciones erróneas: “…le ha dado por armas dos puertas y un castillo y dos llaves que tiene por armas la ciudad de La Habana…”. La capital portaría las llaves y Matanzas las puertas, simbolizando de esa manera la estrecha relación geográfica y socioeconómica que existía entre las dos regiones. 

Escudo de armas de la Ciudad de La Habana, como aparece en
las Actas Capitulares capitalina. 

¿Pero a que escudo habanero de dos llaves se refería Manzaneda? Desde 1665, el blasón de la ciudad de La Habana había sido aprobado y registrado con tres castillos y una llave como sus atributos centrales. Los castillos representando las tres fortalezas, y la llave la ventajosa posición geográfica de este puerto en las Antillas. Resulta ilógico pensar que Severino de Manzaneda, en su calidad de Capitán General, no conociera a cabalidad el escudo oficial de La Habana. Llama poderosamente la atención el hecho de que el escudo que se describe como “…a imitación de las de esta ciudad que son, además de las dos llaves los tres castillos que cubren el puerto…” no sea precisamente el que representaba a la capital de la Isla. Hasta ahora se desconoce un escudo habanero con los atributos citados.

Escudos apócrifos de Matanzas

Nuestro escudo nos unifica y nos representa a todos. Sus atributos son la simbología de nuestro paisaje, de nuestra geografía, y de nuestro pasado. El matancero carga con orgullo el espíritu de un legado centenario. Ese halo inasible, esa imagen, ese inextirpable latido que llamamos matanceridad es inherente a todo aquel que lleva el polvo de Matanzas en sus huesos. Pero el ego descuidado es vigor a la intangible belleza del concepto y por eso, tal vez el escudo de la ciudad de San Carlos y San Severino de Matanzas pueda vivir como estandarte, como representación, cual quilla de nave capitana a todos los que nos sentimos profundamente agradecidos de ser matanceros.


Agradecimientos especiales: A Alfredo Zaldívar, editor y coordinador de la Revista Matanzas, a Jessica Duarte, intrépida periodista matancera, y a Dolores de los Ángeles Pardo, quien se aseguró de que nuestro mensaje llegara a su destino. ¡Gracias!

Literatura pertinente:

Fontova, Enrique (1918). Datos y notas sobre la formación y adopción del escudo de la provincia de Matanzas. El Escritorio, Cárdenas. 

Heráldica de Matanzas. Pp. 7-8. Magazín La Lucha (1923). 

Moliner Rendón, Israel (1959). Sauto, Historia de un Teatro. Imprenta Pimentel, Matanzas.
Orihuela León, Johanset; O. Hernández de Lara y Ricardo A. Viera Muñoz (en edición). 
Acercamiento arqueo-histórico de los blasones del Castillo de San Severino, Matanzas, Cuba. 

Ponte y Domínguez, F. J. (1959). Matanzas: Biografía de una Provincia. Imprenta El Siglo XX, La Habana.

Quintero y Almeida, J. M. (1878). Apuntes para la Historia de la Isla de Cuba con relación a la Ciudad de Matanzas. Imprenta El Ferro-carril, Matanzas.

Rodríguez García, Roberto M. y José M. Domínguez Martínez (2013). El escudo de Matanzas. Su Historia y Simbolismo. Monografias de la Universidad de Matanzas Camilo Cienfuegos. 

Roig de Leuchsenring, Emilio (1963). La Habana: Apuntes Históricos, Segunda Edición, Tomo 1. Editorial Consejo Nacional de Cultura, La Habana. 

Ruiz Rodriguez, Raúl (1993). El escudo de armas de la ciudad de Matanzas. Revista de la Biblioteca Nacional Jose Marti, 1:137-145. 

Treserra Pujadas, José A. (1940). La fundación de San Carlos de Matanzas” Periódico El Republicano (Matanzas) 9 de octubre de 1940. 

Treserra Pujadas, José A. (1941). Reseña Historica de Matanzas 1508-1941. Imprenta La Revoltosa, La Habana. 

Treserra Pujadas, José A. (1955). Nuestro escudo de armas original. El Republicano (Matanzas): 21 de mayo de 1955, pg. 5.