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miércoles, 9 de octubre de 2024

San Carlos de Matanzas: 331 Años de historia y resiliencia

Al conmemorar el 331º aniversario de la fundación de Matanzas, es un momento ideal para reflexionar sobre la rica historia de esta ciudad. El 12 de octubre de 1693, se fundó oficialmente la ciudad de San Carlos y San Severino de Matanzas, un proyecto que simbolizó tanto las aspiraciones de una colonia joven como las duras realidades de la vida en el Caribe a finales del siglo XVII.

El Comienzo del Viaje

Todo comenzó meses atrás, pero el proceso oficial comenzó antes, desde el 9 de octubre de 1693, cuando el gobernador Severino de Manzaneda y su comitiva partieron de La Habana hacia la bahía de Matanzas. Su misión era establecer un asentamiento fortificado que no solo defendiera la costa norte de Cuba, sino que también apoyara su desarrollo económico y social. La comitiva, compuesta por funcionarios, personal militar y familias provenientes de las Islas Canarias, llegó a la bahía de Matanzas: un lugar cuidadosamente seleccionado por su importancia estratégica.

No se trataba de un asentamiento cualquiera. El gobernador había escogido a varias docenas de familias provenientes de las Islas Canarias, cuyo esfuerzo y determinación serían el pilar de esta nueva comunidad. Para mayo de ese mismo año, estas familias ya habían comenzado a preparar el terreno, sembrar cultivos y establecer las bases de lo que pronto sería una ciudad próspera.


Construyendo un Nuevo Futuro

La fundación formal de la ciudad tuvo lugar el 12 de octubre de 1693, cuando se bendijo la primera iglesia y se otorgó el nombre de la ciudad en honor al rey Carlos II de España (San Carlos) y a la estratégica fortaleza de San Severino. Los eventos de esos días, meticulosamente registrados en los primeros documentos oficiales de la ciudad, muestran cuán cuidadosamente se planificó la fundación. Desde la construcción de fortificaciones hasta la distribución de tierras a los colonos, ningún detalle fue dejado al azar.

La ciudad fue trazada con precisión, con la Plaza de Armas (hoy conocida como Plaza de la Vigía) en su centro. Las calles fueron medidas cuidadosamente y se distribuyeron solares a los colonos. La primera iglesia se construyó en un terreno orientado hacia las aguas turquesas de la bahía y a una plaza a su oeste, y, cerca de allí, comenzó a erigirse una fortificación para defenderse de los posibles ataques piratas y de invasores extranjeros.



Luchas y Triunfos

La vida en Matanzas no fue fácil para esos primeros colonos. El clima tropical, las amenazas de huracanes y los brotes de enfermedades como la viruela y el sarampión, fueron desafíos constantes. Sin embargo, a través de su perseverancia y con la ayuda de la naturaleza yerma loca, la ciudad comenzó a crecer muy lentamente. 

No solo tuvieron que enfrentarse a las amenazas naturales, sino también a las presiones políticas. La correspondencia de Manzaneda con la Corona española revela su delicado equilibrio entre garantizar la seguridad del asentamiento y cumplir con las exigencias de los decretos reales para suplir y mantener aquella naciente comarca - ciudadela al pie del San Severino.

Una cosa estaba clara: Matanzas no era solo un puesto militar, sino que se estaba convirtiendo en una comunidad. En pocos días se celebraron matrimonios, se bautizaron niños y la ciudad comenzó a florecer, evolucionando poco a poco de un bastión defensivo a un centro cultural y económico.


Un Legado Duradero

Hoy, Matanzas es conocida como la "Ciudad de los Puentes" o la "Atenas de Cuba", gracias a su rica historia cultural. Pero es importante recordar sus orígenes: aquellos primeros días cuando un grupo de familias decididas, guiadas por la fe y la resiliencia, construyeron una vida en el Caribe. Las calles cuidadosamente trazadas, los restos de la primera iglesia, y el Castillo de San Severino que aún se erige como símbolo de los comienzos de la ciudad nos recuerdan aquel momento histórico de su fundación.

Al celebrar 331 años de Matanzas, honramos no solo a las figuras históricas que colocaron las primeras piedras, sino también a los innumerables hombres y mujeres que construyeron el legado perdurable de la ciudad. Desde sus raíces coloniales hasta su rol moderno como centro cultural cubano, Matanzas sigue siendo un testimonio de la fortaleza y el espíritu de su gente.

Cita: Orihuela, J. (2021). Historia Fundacional de Matanzas. Ediciones Aspha, Buenos Aires


domingo, 25 de julio de 2021

Nuevo estudio heráldico e histórico del blasón del Castillo de San Severino

Se ha publicado nuestro trabajo “El escudo de armas del Castillo de San Severino de Matanzas: estudio heráldico e histórico” por la revista científica de Arquitectura y Urbanismo (CUJAE). Enlace abajo:

https://rau.cujae.edu.cu/index.php/revistaau/article/view/630

Aprovecho para agradecer a los coautores Odlanyer Hernández de Lara y Ricardo Viera. A Mabel Matamoros y todo el equipo de redacción-edición de la revista, y a todos los que en estos últimos años nos ayudaron a mejorar esta investigación. Este es otro aporte a la historia del Castillo de San Severino y su historia. 

Aquí les compartimos un resumen bilingüe

Se presenta una investigación heráldica e histórica del único escudo de armas que se conserva en el Castillo de San Severino, fortaleza permanente abaluartada que comenzó a construirse en 1693 en ocasión de la fundación de la ciudad de Matanzas, Cuba, para la protección del puerto y nueva población. Para establecer su origen y simbología, se realizó un análisis documental y basado en un conjunto de evidencias se revela que el escudo presente en el frontispicio de la fortaleza es de confección local y representa al linaje de un caballero de la Orden de Santiago; pudiendo corresponder al blasón de Severino de Manzaneda, gobernador que comenzó e impulsó su construcción entre 1693 y 1695. De este estudio, además, surgen varias hipótesis sobre la fecha de realización y montaje del blasón, que pudieran responderse a través de un estudio arqueológico más detallado.

Here we provide a historical investigation on the surviving coat of arms at Castillo de San Severino, a colonial fortification in Matanzas city, Cuba, which began construction in 1693 for the protection of the bay and the foundation of the city there settled. Through primary documents, we provide an analysis to help explain the history and heraldry of the coat of arms located on the main entrance of this fortification. We consider that the current coat of arms was carved on local rock by an untrained carver and its symbology likely represents that of Severino de Manzaneda, the governor who started and supported the construction of the Castillo. These new data prompted several hypotheses that explain its symbology and time of mounting that require further archaeological testing. This new information is directed at a better understanding of the piece for future conservation.

Como citar: 

Orihuela León, J., Hernández de Lara, O., & Viera Muñoz, R. A. (2021). El escudo de armas del Castillo de San Severino de Matanzas: estudio heráldico e histórico. Revista científica De Arquitectura Y Urbanismo, 42(2), 44–57. Recuperado a partir de https://rau.cujae.edu.cu/index.php/revistaau/article/view/630


lunes, 23 de marzo de 2020

El escudo perdido del Castillo de San Severino

¿Sabían que el Castillo de San Severino, fortaleza colonial localizada en la bahía de Matanzas, portó escudos que constituyen un ejemplo significativo de la heráldica colonial hispana? Pues así fue. Nuestra fortaleza exhibió dos escudos de armas, por lo menos hasta la primera década del siglo XX: uno sobre el frontispicio de la puerta principal y otro, hoy desaparecido. Este enigmático blasón es conocido actualmente solo a partir de una fotografía en el Magazine de La Lucha, número especial publicado en 1926.

Escudo de armas de Francisco Güemes y Horcasitas:
antiguo escudo desaparecido del Castillo de San Severino,
 tomado del artículo de Juan D. Byrne en el Magazine de La Lucha (1926). 
Foto publicada erróneamente invertida. 

Dos de las referencias conocidas de los escudos corresponden al que esta preservado en el frontispicio de la fortaleza. Estas proceden, una del Guión de Recorrido del hoy Museo de la Ruta del Esclavo y la otra de la monografía de S. Hernández Godoy sobre la fortaleza. En la primera se manifiesta que: “El mismo era el Escudo Real de la Casa de Austria, a la cual pertenecía Carlos II, rey regente de España durante el período de construcción del Castillo”. Esta adjudicación es errónea y probablemente fue asumida a partir del hecho de que San Severino se comenzó a construir durante el reinado de Carlos II (1665-1700), aunque no fue hasta la década del cuarenta el siglo XVIII que se culminaron las obras. Por otra parte, la historiadora matancera, Dra. Hernández Godoy hace referencia una carta del Gobernador de Cuba Severino de Manzaneda al Rey de España Carlos II con fecha del 26 de octubre de 1695, donde se informa que: “…el frontispicio de la puerta de cantería estaba perfectamente acabado y se encontraban colocadas las armas de su majestad al costo de 12000 Reales (1500 pesos)”. Sin embargo, el escudo que se conserva en el Castillo de San Severino no se corresponde con el de Carlos II ni Felipe V, su sucesor, o a ninguno de la Corona española.

Blasón de la Corona española en el frontispicio La Cabaña, en la ciudad de La Habana.

El segundo escudo, cuyo paradero se desconoce hoy, fue incluido en el Magazine de La Lucha, donde se publica la única foto conocida hasta el momento. No se conocen otras referencias gráficas de este blasón. ¿Pero entonces a que personaje o soberano pertenece y que representaba ese escudo? ¿Cuándo se colocó allí? Esa es la trama de nuestro articulo recientemente publicado en la Revista Matanzas (No. 1, 2020). Allí intentamos responder estas preguntas. Aquí les compartimos parte de ese artículo.

Pues resulta, basándonos en un análisis heráldico y varios meses de búsquedas en archivos y viejos documentos, que este enigmático blasón es casi idéntico, en su simbología y organización (dada las variaciones que existían entre el diseño de blasones del momento), al escudo personal de Juan Francisco Güemes y Horcasitas, según aparece en el cuadro del pintor mexicano Miguel Mateo Maldonado Cabrera (1695-1768); pintor mestizo quien le realizó varios retratos durante su posición como Virrey de Nueva España. 

 Juan Francisco Güemes y Horcasitas.
Óleo sobre tela de 95 x 75 cm,
 realizado entre 1746-1755 por Miguel Mateo Maldonado y Cabrera.
Colección del Museo Nacional de Historia,
Castillo de Chapultepec (CONOCULTA-INAH).

El blasón que aparece en la esquina superior izquierda del retrato muestra un escudo de estilo francés, acuartelado, con timbre adornado de corona de marques. El primer cuartel contiene a los reyes de España, ambos coronados en tierra, con fondo o campo azur. El segundo cuartel contiene dos cabras sables, de manchas blancas, recostadas a un árbol de manzano o encino de sinople enterrado de color natural, con frutos y campo dorado. El tercer cuartel contiene un fruto de granada en campo blanco, símbolo que representa al reino de Granada adquirido en 1492. Basado en ello, queda claro que el escudo perdido del San Severino fue de Güemes.

Comparese el blasón de la izquierda (A) del Castillo de San Severino con los dos de Güemes en centro y derecha. 



¿Cuándo se instaló?


Un primer rango cronológico para su instalación en la fortaleza se puede inferir a partir de la gobernación del Capitán General Francisco Güemes, que sucedió entre 1734 y 1746. Según la historia constructiva del Castillo de San Severino, sabemos que la Plataforma de San Juan se concluyó e inauguró bajo los esfuerzos de la misma gobernación. La colocación del blasón debió ocurrir en algún momento entre la finalización e inauguración de la Plataforma de San Juan, que el mismo Güemes anuncia en 1736. 

En el mismo muro donde se encontraba el blasón, pero más cerca de la entrada a la plataforma, se encontraba la tarja fundacional, hoy también desaparecida. Allí se conserva un espacio rectangular socavado, a ~ 3 metros de altura. Pedro Antonio Alfonso menciona la tarja como una “inscripción que se halla a la entrada del fuerte y paraje de donde arranca la indicada plataforma”. José Mauricio Quintero, a finales del siglo XIX, alude a “la inscripción que se halla a la entrada del fuerte” sin mayor detalle. Es a partir de Alfonso que se difunde el contenido de la tarja, y quien transcribe la inscripción por vez primera. Según Alfonso, esta leía:

Reinando la majestad Católica del Rey Don Carlos de España, siendo Gobernador y Capitán General de la Isla de Cuba el Mariscal de Campo don Juan Francisco Güemes y Horcasitas, construyo este castillo don Ignacio Rodríguez, y por don Antonio de Arcedo se hizo esta plataforma” 

Hasta ahora se había considerado la fecha de 1734 para la colocación de la tarja. Sin embargo, este año no parece ser acertado, ya que es justo en 1734 cuando Antonio Arredondo, el ingeniero militar encargado de terminar el San Severino, hace la primera inspección de las obras constructivas en la fortaleza, bajo las órdenes del gobernador Güemes. En este año Arredondo confecciona el plano del Castillo de San Severino donde se demuestra la Plataforma de San Juan y el camino cubierto todavía como proyecto, lo que indica que en esta fecha la misma no se había terminado o incluso iniciada su construcción. Güemes en carta fechada 18 de febrero de 1735 “prometía que las fortificaciones exteriores estarían acabadas en el plazo de seis meses” y un año más tarde indica en carta de 27 de febrero que la plataforma estaba totalmente terminada.

Por otra parte, la tarja perdida no da fechas exactas y contenía elementos algo contradictorios. Por ejemplo, esta nombra al rey católico “don Carlos” como regente (“reinando”), menciona a un tal “Antonio Arcedo” e indica a Ignacio Rodríguez como constructor en vez de comandante. La información de la tarja pudo haber sido una simbólica quimera. El rey Carlos, al cual se refería la tarja, es posiblemente Carlos II (1665-1700), bajo cuyo reinado se inició la construcción del Castillo de San Severino. Igualmente, Antonio Arcedo parece ser una abreviación, error de inscripción o corrupción de Antonio de Arredondo, quien nombró y concluyó la plataforma. El hecho de que Ignacio Rodríguez se identifique en la tarja nos permite un rango cronológico aún más restringido. Entre 1737 y 1743, Ignacio Rodríguez ejerce como comandante de la fortaleza, lo que implicaría que tanto la tarja como el blasón daten de este período.

Bandera coronela del regimiento de pardos de Matanzas, 1760
portando las armas de Carlos III. 

Aparentemente, esta sección de la fortaleza no fue afectada por la voladura que le causara el comandante Felipe García de Solís en agosto de 1762, después de la toma de La Habana por los ingleses, y por ende sobrevivió los períodos de abandono y reconstrucción, entre 1762 y 1772. Tanto la tarja como el escudo parecen haber perdurado hasta por lo menos la segunda década del siglo XX, ya que se hace referencia a ambos en el Magazine de La Lucha, lo que sugiere que se extravió en algún momento posterior a 1926, año de esa publicación.


¿Dónde se encontraba ese escudo?


Tomando como referencia la fotografía publicada en el Magazine de La Lucha, se trató de encontrar su ubicación en el Castillo de San Severino. Un espacio vacante en el muro al fondo del camino cubierto, antes de llegar a la puerta que da acceso a la Plataforma de San Juan, se señaló como posible lugar original del escudo perdido. La comparación de la fotografía histórica con el muro a partir de la distribución de los sillares alrededor del vano encontrado confirmó la correlación de este con este espacio. Durante la comparación, en primera instancia no coincidía la distribución de los sillares y sus juntas. Sin embargo, al girar la fotografía histórica, todos los atributos coincidieron perfectamente. Ello demostró que la fotografía fue publicada al revés -con la base del escudo hacia arriba- en el Magazine de La Lucha, dificultando además la interpretación de los atributos del blasón.

Vista de la entrada de acceso a la Plataforma de San Juan desde el camino aspillerado 
donde se pueden apreciar los espacios vacantes 
donde estuvieron la lápida inaugural y 
el blasón del gobernador Güemes en el Castillo de San Severino.

El portar dos blasones, ninguno referentes directamente a la Corona española, hace del Castillo de San Severino un peculiar ejemplo. La norma era colocar las armas de Su Majestad sobre puertas principales, no en lugares apartados del inmueble, por lo que la posición del blasón en la plataforma también es inusual a pesar de no estar asociado a ningún rey. Su visibilidad era importante ya que dicho blasón representaba una intención política en la que la Corona anunciaba su dominio sobre el edificio militar, territorios o súbditos. Esta interesante peculiaridad contribuye a una mayor relevancia del Castillo de San Severino, tanto en el ámbito local como en el mundo hispano.

Cita recomendada (o para mas información)


Orihuela, J., Hernandez de Lara, O., Viera Muñoz, R. A., y Rodríguez Tápanes, B. (2020). El blasón desaparecido del Castillo de San Severino: Identificación e Historia. Revista Matanzas.


martes, 2 de julio de 2019

Severino de Manzaneda en el corazón de Matanzas

Don Severino de Manzaneda, caballero de la prestigiosa Orden de Santiago y oriundo de la villa vizcaína de Balmaseda, fungió como gobernador Capitán General de Cuba interinamente desde finales de octubre de 1689 hasta finales de 1695. Por su inmensa y productiva gobernatura es considerado por muchos historiadores como el gobernador más productivo de nuestra historia en ese siglo. Uno de sus legados más importantes fue la fundación de nuestra ciudad, la que, en la composición de su nombre (San Carlos y San Severino de Matanzas) honraba al ilustre gobernador.

A pesar de su trascendencia para nuestra historia, de don Manzaneda se conocía poco. ¿Cuándo había nacido, cuándo arribó a Cuba o cuándo murió? eran preguntas enigmáticas de respuestas elusivas y en muchos casos erradas, incluidas aquellas en el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de Historia de España o Wikipedia. Recientemente, después de varios años de investigación entre viejos documentos de la época, tanto en archivos cubanos, dominicanos y europeos, aparece publicada – por primera vez hasta donde sabemos– una detallada biografía que profundiza y revela aspectos desconocidos e importantes de la vida y obra de Manzaneda.

Aquí queremos compartir un fragmento de uno de estos trabajos recientemente publicados en la revista Librínsula de la Biblioteca Nacional de Cuba “José Martí” (mayo, 2019). Para no hacer este post extenso, solo compartimos el fragmento dedicado a la historia de Matanzas y la huella de Manzaneda en ella. Para los interesados, el articulo completo está disponible en la página de Librínsula, aquí.



“… [ SU OBRA EN MATANZAS

Si bien la apreciación de las labores de Manzaneda abre una ventana a la historia de Cuba a finales del siglo XVII, su aporte a la historia de Matanzas compone la fundación de la identidad y evolución de su población criolla en el XVIII. La ciudad de San Carlos de Matanzas debe una gran parte de su historia al gobernador Manzaneda, quien al fundarla tenía 49 años.
El proyecto de fortificación y población de Matanzas fue un asunto que ocupó a Manzaneda desde finales 1689, y aun hasta después del final de su término. Habiendo recibido instrucciones reales de impulsar el proyecto de Matanzas desde su llegada a la capitanía, en enero de 1690 supervisó sondeos e inspecciones de la bahía y sus alrededores, los que repitió en enero de 1693, en vísperas de la fundación de la ciudad (40). Manzaneda gobernaba directamente y en presencia, prefiriendo supervisar y dirigir en persona sus empresas. Con ese sentido Manzaneda viajaría otras tres veces más a Matanzas (41).  
Pero el cumplimiento de este proyecto no vino sin contratiempos y atrasos; casi todos por causa de una ineficiente burocracia dominante y compleja de la cual padecía el sistema insular en la periferia del imperio metropolitano. Manzaneda, para cumplir las órdenes reales, debió luchar contra un mar de resistencia y limitantes. Primero intentó despejar el gran obstáculo que presentaban los situados reestableciendo lazos de cooperación con el virreinato novohispano, que se justificaba en no poder remesar las múltiples plazas cubanas, las cuales estos consideraban de excesivas (42). En múltiples ocasiones y con impertinente perseverancia, inclusive con todo el apoyo real, Manzaneda pidió frecuentes situados o remesas al virrey regente, el Conde de Galve (43), para poder echar a andar y mantener el proyecto de fortificación y población de la bahía de Matanzas y mantener las otras plazas de la isla. Al final no recibiendo el situado virreinal u otro apoyo real, viéndose obligado a extraer de las cajas de la Real Hacienda, e inclusive de su propio bolsillo (44). Esto, entre otras prácticas en contra de los deseos de la Corona, les sirvió de alimento a las críticas de sus recién-ganados enemigos en la élite local (45).
Después de encontrar un asentista para comenzar la construcción de la fortaleza principal, negociar la compra de las tierras al Convento de Santa Clara, agrupar y escoger las familias que debían poblar la naciente ciudadela en Matanzas, se dio la orden de movilización al paraje a principios de mayo de 1693(46). Antes de ello, se había ordenado al ingeniero militar Juan de Herrera y Sotomayor, el escribano-agrimensor Juan de Uribe y Ozeta, más otros oficiales de La Habana, comenzar las labores de preparación y condicionamiento del terreno (47). La construcción de la fortaleza comenzó para finales de ese mismo mes (48).
Para el mes de agosto y septiembre todo estaba casi listo. Pero para oficialmente comenzar se debió esperar por el obispo Diego Evelino Hurtado de Compostela, quien se encontraba abatido por sus “habituales achaques” (49) y restringido por las ensortijadas condiciones de los caminos. Manzaneda, arribó a Matanzas por mar en la tarde del jueves 8 de octubre. El obispo, acompañado de su familia, y aun enfermo, arribó en la mañana del 11 de octubre para finalmente dar comienzo a las labores fundacionales (50). Al día siguiente se colocó y bendijo la primera piedra de la primera iglesia de Matanzas, acto seguido fue celebrada la primera misa en nombre de San Carlos, San Severino y San Diego (51). Al día siguiente se colocó y bendijo la primera piedra de la fortaleza, quedando nombrada esta como Castillo de San Carlos de Manzaneda (52).
La organización de la nueva ciudad gozó de un plano confeccionado antes de su fundación, que rigió la disposición estructural de la ciudad – que aún se preserva –, más la rifa a suerte de sus solares y tierras a los nuevos vecinos. Esta sería la primera vez que se sortearían solares en la isla (53). Estas primicias, en conjunto a la peculiar disposición de la primitiva iglesia y otras, harían de considerarse a Matanzas como la primera ciudad moderna de Cuba (54).
En noviembre de 1694 retornó a Matanzas para fundar el primer cabildo, celebrado el 8 de diciembre de ese año. Desde agosto de este año, había fomentado la ciudad con 11 familias adicionales a las originales, más otras 13 que le seguirían después; igualmente todas de Canarias. Esto fue previsto quizás en anticipación a la despoblación y epidemias que azotaban la región entonces, y que luego impactaron a la nueva ciudad al comienzo del siglo XVIII (55). Entre finales de 1694 le diseñó y asignó un escudo de armas “de dos puertas y castillo” a la nueva ciudad de Matanzas, que, por su posición, complementaria al de La Habana (56).  Durante casi todo el año de 1695 se encargó de los atrasos que sufría la construcción de su castillo, enviándole mano de obra y dinero para continuar su edificación después de anular el contrato con el asentista Beltrán de Santa Cruz (57). En 1694, exhausto, le comentó al rey que “…habiendo puesto en paz y tranquilidad esta llave y muro de ambos mundos…” quedaba “…mirándome rendido…” (58).
Aun después de terminar su cargo interino el 2 de octubre de 1695, cuando le reemplazó en la gubernatura Diego Córdoba Lasso de la Vega, Severino de Manzaneda continuó vinculado con las obras que comenzó. Entre finales de 1695 y aún en 1698, Manzaneda remitía informes reales y se encontraba involucrado en las obras que había echado andar, quizás impulsado a ello por el desdén y
 “…el desamor y poco cariño con que la atienden los que las bienen a proseguir, aunque importen mucho sus defensas, por no haberse comenzado en su tiempo…” adicionando que “mi sucesor vino a vendimiar la viña que yo podé y cervé…” [sic] (59).
Manzaneda dedicó su vida al servicio real, cumpliendo con celo y devoción sus labores en el Nuevo Mundo. Hasta ahora la documentación no apoya que Manzaneda haya estado casado o dejado descendientes. El constante impulso de sus deberes en Cuba y luego Santo Domingo, a las que llegó a muy madura edad, aparentemente no le permitió tiempo para más. La Corona le recompensó con la capitanía general, gubernatura de Santo Domingo y la presidencia de la Real Audiencia de Santo Domingo en septiembre de 1696 (60)]…”.

Autógrafo del Capitán General, gobernador de Cuba, 
don Severino de Manzaneda. 



Bibliografía recomendada


Orihuela León, J. (2019). Severino de Manzaneda: Capitán General, gobernador de Cuba a finales del siglo XVII. Librínsula: Revista Digital de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, 385: 1-12.

Orihuela León, J. (en edición). Severino de Manzaneda: excepcional gobernador de Cuba en el siglo XVII. Boletín de la Biblioteca Nacional de Cuba (2020).

Fernando Rodriguez de la Torre en  el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de Historia de España (en linea).

Gómez Prieto, J. (2019). Balmaseda en América. Capítulo 7: Matanzas. (en prensa).


lunes, 17 de junio de 2019

Nuevo libro: Fortificaciones de Matanzas 1693-1876 (Aspha, 2019)

Con gran gusto anunciamos la publicación y disponibilidad de nuestro ultimo libro Fortificaciones de Matanzas. Este es el consumado resultado de varios años de ardua investigación y miles de sacrificios para verlo hoy finalmente disponible para todos aquellos interesados por la historia militar de Cuba, y en especial, aquella de Matanzas.


Este compendio de casi 200 páginas fue publicado por ediciones Aspha (Buenos Aires). Su coautoría se nutrió de una estrecha colaboración con los arqueólogos matanceros Odlanyer Hernández de Lara y Boris Rodríguez, y está disponible a través de nuestro portal aquí.

La temática de nuestra obra cubre aspectos artísticos, socioculturales, militares, históricos y patrimoniales de las fortificaciones proyectadas alrededor de la bahía de Matanzas, desde su fundación hasta finales del siglo XIX. En el se presentan y divulgan una síntesis histórica actualizada, expandida y corregida sobre cada una de las importantes fortificaciones que compusieron el llamado “primer cinturón defensivo” de la rada yumurina. Además, en el presentamos información novedosa-documental inédita y varias docenas de planos también inéditos o desconocidos, reproducidos en alta resolución y a todo color. Constituyendo así, a un aporte considerable a nuestra historia y dirigido a la planificación o valoración de tan importante patrimonio.

Aprovechamos este momento para agradecer a todos los amigos y colegas que a través de estos años nos impulsaron a completar este proyecto; a todos los colegas archivistas de los archivos nacionales de España, la Biblioteca Nacional de España, el Archivo General de Sevilla, el Archivo Histórico de Madrid, Cartoteca Militar de Madrid y otros en los Estados Unidos, la Republica Dominicana y Cuba.

También quisiéramos agradecer la labor de Isabel Hernández Campo y todo el equipo del programa científico en la organización del III Taller de Fortificación y Museología que tomó logar entre los días 11 y 13 de junio de este año 2019, y cuya sede fue el centenario Castillo de San Severino en Matanzas (Cuba).

Gracias


Cita recomendada:


FORTIFICACIONES DE MATANZAS 1693-1876 (2019) Hernández de Lara, O. & Orihuela León, J. (editores) Aspha, Buenos Aires.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Nuevo aporte a la historia del Castillo de San Severino

Las prácticas locales no siempre siguieron las órdenes reales. Este es un argumento que exploramos en nuestro nuevo artículo publicado en la revista Islas. Nuestro trabajo trata sobre la construcción del Castillo de San Severino, especialmente entre su periodo de gestación en 1682 y 1683, hasta su estanco constructivo en 1698. Islas es una revista con una larga tradición en la divulgación de investigaciones en las ramas de las ciencias sociales y humanidades. Actualmente, su cede se encuentra en la Universidad Central Marta Abreu, de Las Villas. Es un verdadero honor para nosotros poder contribuir a ese gran cuerpo tradicional. 



Un breve resumen recoge la esencia del artículo:

La construcción del Castillo de San Severino, principal fortaleza militar de la bahía de Matanzas, Cuba, sufrió un estanco constructivo entre 1694 y 1716. En la escasa documentación publicada del inmueble durante esta etapa apuntaba a la falta de caudal y mano de obra constituyen la causa principal de la demora. Sin embargo, basándonos en el análisis de nuevos documentos históricos inéditos, incluyendo un memorial de Juan de Síscara Ramírez para la inspección del castillo en 1696, sugerimos otros factores que contribuyeron al paro constructivo. Entre estos se destacó el mal manejo por parte del gobierno habanero de las remesas enviadas desde Nueva España, lo que generó intriga y desconfianza entre ambos gobiernos, que finalmente afectaron las remesas monetarias, el pago de mano de obra, y materiales para la edificación de la fortaleza. Este análisis provee nueva información e interpretación de una de las etapas menos conocidas de la historia del Castillo de San Severino y la dinámica gubernamental relativa a la construcción y mantenimiento de las plazas cubanas a finales del siglo XVII.

Hasta ahora, el informe-memorial de Juan de Síscara Ramírez, hijo del eminente ingeniero militar Juan de Síscara Ibáñez, quien fundó los proyectos de la muralla habanera y el de la urbanización y fortificación de Matanzas, era desconocido. Este reveló cierta intriga sobre una inspección del Castillo, cual no le fue permitida por el ingeniero de la obra, Juan de Herrera y Sotomayor. Además, la documentación primaria adicional demuestra que tanto en la fundación como en la construcción del Castillo, los agentes locales no siguieron las continuas y claras instrucciones y ordenes reales. Consideramos que esto no es un evento singular, sino uno que hace espejo a una condición de comportamiento esparcida por el mundo novohispano. Un mundo lejos de la corona real, donde a veces las instrucciones y deseos de la corona no era el mejor interés o conveniencia de los habitantes.

Este trabajo está disponible de gratis en el portal de la Revista Islas y aquí.

Cita: 

Orihuela, J., O. Hernández de Lara & R. Viera Muñoz (2018). Órdenes reales y prácticas locales: el Castillo de San Severino de Matanzas y la dinámica colonial (1683-1698). Islas 60 (191): 39-68.



martes, 11 de septiembre de 2018

Ahora disponible: artículo sobre las pipas para fumar tabaco del Castillo de San Severino

Nuestro artículo sobre las pipas para fumar tabaco del Castillo de San Severino, publicado en la revista International Journal of Historical Archaeology esta ahora accesible para todos los interesados en leerlo.

La editorial Springer Nature nos ha proveido un link para su distribución y aquí lo compartimos con ustedes, nuestros lectores. De esta manera, se provee acceso a información científica, normalmente inaccesible, que ahora ponemos en sus manos.

Este articulo trata  sobre las pipas de fumar tabaco como objetos arqueológicos diacrónicos y diagnósticos. La pipas o cachimbas son objetos portables personales, que hablan volúmenes sobre el hábito de fumar como un pasatiempo de la guarnición, que en este caso se extiende desde finales del siglo XVIII y gran parte del XIX. Además, nos permite una pequeña ventana al acceso, circulación e importación de estos artefactos de diversos lugares en Europa y como la preferencia tipológica varia en el transcurso de estos años.

Esperemos esto le sea de interés.


Acceda aquí para leer mas: https://rdcu.be/6hvK


viernes, 27 de abril de 2018

El Bombardeo de Matanzas: 27 de abril de 1898

Este año se conmemora el 120 aniversario del comienzo de la Guerra Hispano-Cubano-Americana. Pero lo que pocos conocen, o recuerdan, es que el primer acto bélico de la Guerra ocurrió en la bahía de Matanzas.

Oleo de Henry Reuterdahl del Bombardeo de Matanzas.
El USS Cincinnati 1898 durante el ataque.

La historia usualmente lleva fechas y datos puntuales, pero raramente con la precisa exactitud del día y hora. El Bombardeo de Matanzas es uno de esos raros eventos en la historia en la que podemos acceder al momento con lujos de detalles casi exactos.

En horas cercanas al mediodía del miércoles 27 de abril de 1898, el US New York – acorazado insigne de la flota norteamericana, al mando del contralmirante William T. Sampson-llega a la entrada de la bahía de Matanzas. Allí se reúne con el monitor Puritan y el crucero protegido Cincinnati, quienes hacia días bloqueaban la rada.


Al medio día, y después de incertidumbre de ataque, estos buques de guerra se adentran a la bahía y son bienvenidos con cañonazos dirigidos desde las recién erigidas baterías de Punta Maya, Rubalcava, y Sabanilla (1). A lo que los masivos cañones de los modernos buques norteamericanos respondieron sin cesar por alrededor de 15 minutos, como contaron algunos, o media hora como dijeron otros (2). Los dos centinelas más antiguos de la rada, el Castillo de San Severino y la batería de El Morrillo, casi no pudieron responder a los disparos norteamericanos por ser entonces practicamente obsoletos contra la nueva avanzada. 

El insigne USS New York. Acorazado bandera de la Navy

Algunos proyectiles cayeron en la ciudad de Matanzas. Aunque no se sabe si por accidente o intencionalmente. Varios de los proyectiles fueron recogidos y expuestos en gabinetes de curiosidades. Otros han sido fruto de pesquisas arqueológicas en las aguas del Morrillo y el San Severino (3). 

Proyectil exhibido del Bombardeo de Matanzas. 
Tomado de Matanzas en el Visor del Tiempo (Pérez et al., 2017). 

Este evento histórico fue considerado por las fuerzas norteamericanas como un ejercicio naval, que serviría de alerta a las fuerzas españolas. Este, al igual que el también olvidado bombardeo de Cárdenas, fueron sin dudas unos eventos importantes, aunque poco divulgados, ya que serían soslayados por otros, luego ocurridos en el Oriente de Cuba y en el teatro de operaciones del Pacifico. No obstante, el bombardeo de Matanzas nos queda como un recordatorio, como un cisma histórico que claramente dividió el antes y después de nuestra historia, ya que fue el principio de las acciones directas de fuerzas militares norteamericana en la isla. 

Imagen en del Bombardeo de Matanzas, tomado de una imagen grabada en una plaquilla de cristal. 
Archivada en el Library of Congress. 

También marcó un hito para el amarillismo de la prensa, en ambos lados del Atlántico. La española le dio poca atención al evento, mientras que la norteamericana lo exalto, sensacionalistamente, para hacer brillar la proeza y superioridad estadounidense ante el mundo-sentimiento nacionalista que fue luego llamado jingoísmo. 

Por más que ello, fue un evento bien recordado por los testigos. Lola María Ximeno lo graba bien en sus Memorias:

Era el 23 [sic] de abril de 1898. La emoción fue terrible para los habitantes de Matanzas que, acostumbrados tan sólo a la bendita calma de sus serenos paisajes —en eterna indiferencia nunca temían— y por eso tal vez las azoteas de las casas se llenaron de curiosos para ver lo que pasaba.”...
“Se oirían ese día más de cincuenta cañonazos y algunas granadas al caer en la bahía levantaban un surtidor de agua como el de las ballenas. La población es un campamento, no se ven nada más que soldados; la aduana, el teatro, el palacio, todo está convertido en cuartel: ya te conozco todos los toques de diana, silencio, retreta… y en la orilla del mar están las trincheras. ¡Que nunca suceda! La bala que cayó en Pueblo Nuevo se extrajo y la exiben [sic] en la casa de comercio de Bea; pienso ir a verla. Del bombardeo sólo resultó una mula muerta.” (5). 

Este es un tema muy cercano a nuestro interés. Para un desarrollo más profundo sobre este tema, imágenes, y nuestras investigaciones, visite el sitio Progressus para la Arqueología, Patrimonio y Desarrollo Social. También visite nuestro blog, aquí, que incluye algunos de los resultados investigativos sobre este tema. 




Referencias


1. Hernández de Lara, O., Lorenzo Hernández, L., Rodríguez Tápanes, B. E., Hernández Godoy, S., & Hernández Campos, I. (2014). “El peligro te viene de arriba”. Arqueología de una batalla durante la intervención estadounidense en la bahía de Matanzas, Cuba (1898). In C. Landa & O. Hernández de Lara (Eds.), Sobre campos de batalla. Arqueología de conflictos bélicos en América Latina (pp. 191–233). Buenos Aires: Aspha Ediciones.

2. War Department. (1898). Military Notes on Cuba. Washington, D.C.: Government Printing Office.

3. Álvarez Chávez, A. (1998). Descubrimientos arqueológicos subacuáticos en El Morrillo. Cartelera. Periódico Del Centro de Promoción Y Publicidad Cultural En Matanzas, Cuba, 3(19).

4. Chadwick, F. E. (1911). The relations of the United States and Spain. The Spanish-American War. Volume I. New York: Charles Scribner’s Sons. Retrieved from: https://archive.org/details/relationsunited05chadgoog

5. Ximeno y Cruz, D. M. (1930). Aquellos tiempos... Memorias de Lola María. Tomo 2. (F. Ortiz, Ed.). La Habana: Imprenta y Papelería El Universo.

Perez Orozco, L., L. Arestuche, J. Orihuela Leon, R. Viera (2017). Matanzas en el Visor del Tiempo. Editorial Bolona, La Habana. 


domingo, 28 de enero de 2018

Las cachimbas para fumar del Castillo de San Severino

Hace un par de años publicamos en el blog Progressus una breve nota sobre las pipas de fumar  tabaco extraídas de un depósito de letrina del Castillo de San Severino. Aquí compartimos una versión actualizada de dicho articulillo.

Las pipas para fumar tabaco son elementos de común aparición en los contextos coloniales cubanos. Dentro de la vasta colección de artefactos provenientes de las excavaciones arqueológicas realizadas en el Castillo de San Severino entre el 2003 y el 2006, se encontraron más de una veintena de estos elementos (Pérez et al., 2005, 2007, 2008; Hernández y Rodríguez, 2010). Estas pipas son de una tipología y procedencia variada, todas manufacturadas entre mediados del siglo XVIII y el siglo XIX (Orihuela y Viera, 2015, 2016).

Entre las pipas de tradición norte-europea se encuentran especímenes elaborados en Holanda, Escocia e Inglaterra. Como parte de esta muestra se encuentran dos interesantes ejemplares de pipas inglesas con un rebajamiento en la porción fracturada de la caña, lo que constituye evidencia de la adaptación de estas pipas para ser reutilizadas. Este tipo de evidencia sugiere escases, o poco acceso a pipas o preferencia por esta tipología. Otros son de tradición Española y Mediterráneas, donde se destacan las pipas de origen catalán y otras de posible procedencia balcánica. Las pipas de este tipo aparecen perfectamente contextualizadas en estratos pertenecientes al siglo XIX, periodo en el que las de tipología reed-stem reemplazaron a las norte-europeas.

Originalmente, las pipas que ahora consideramos de origen Balcanes fueron consideradas de manufactura local, por su rustica construcción (Pérez et al., 2005, 2007). Basándonos en un análisis químico y espectroscópico de las arcillas de las pipas más rusticas pudimos descartar esta posibilidad, ya que las arcillas con que están compuestas estas pipas no concuerdan en composición con las arcillas de las llanuras cársicas cubanas (Orihuela y Viera, 2015).

Muestra de las pipas para fumar tabaco excavadas en el fuerte San Severino en las campañas del 2003-2006.
A: pipa de posible origen Inglés sin marcas, manufacturado entre mediados del siglo XVII y principios del XIX. Nótese el afilamiento para readaptación en la caña.
B: pipa de origen Holandés, marcada con una corona y un 16 en la base de la cazoleta. Esta fue posiblemente manufacturada entre 1780 y 1820 en la afueras de Gouda (ver Orihuela y Viera, 2016: 387).
C, pipa confeccionada en arcilla negra de posible origen mediterráneo (localidad inexacta) y data a la primera mitad del siglo XIX. El cuerpo de esta pipa fue rebajado posiblemente como una readaptación.
D y E son pipas de origen español, posiblemente de Palamós en Cataluña, y manufacturados en la primera mitad del siglo XIX. La larga espuela de estos dos ejemplares sugiere una fecha más cercana a la mitad del siglo XIX, que a su principio.
F y G, pipas de arcilla rojiza y negra de origen mediterráneo, posiblemente Balcanes, manufacturadas en la primera mitad del siglo XIX.
A y B son estilo norte-europeo donde la caña es completamente de arcilla al igual que la cazoleta. C-G son de tipología “reed-stemmed” donde solo hasta la boquilla de la cazoleta era de arcilla. La cana se insertaba en la boquilla, y estas podían ser confeccionadas de cualquier material, como el ejemplar C, cual contenía un fragmento de hueso adaptado a la boquilla.

Hoy sabemos más también sobre la edad aproximada del depósito. Con la ayuda de documentos inéditos del Archivo General de Indias y la Biblioteca Nacional de España, pudimos localizar varios memoriales escritos entre 1768 y 1778 que corroboran la edad de formación del basurero arqueológico posterior a mediados del siglo XVIII. Además, suman también información sobre la construcción de las bovedillas que se encuentra debajo de la rampa, cuales pensamos ahora que fueron construidas antes de 1762; antes de la voladura del Castillo por su Capitán Solís (Orihuela y Viera, 2015).

El cambio de los estilos de pipas está relacionados con las tendencias comerciales de disponibilidad, acceso o preferencia hacia las pipas españolas y mediterráneas que encajan con la apertura y exportación del mercado catalán hacia el Caribe. Postulamos que estas tendencias surgieron de la influencia que ejerció la inmigración catalana y la recirculación que realizaron estos puertos españoles de elementos provenientes de otras regiones del Mediterráneo como los Balcanes, el sur de Francia y el norte de África (Orihuela y Viera, 2015, 2016). 


Bibliografía

Pérez Orozco, L., Santana Barani, C., y Viera Muñoz, R. A. (2005). Arqueología colonial en el Castillo de San Severino. 1861 Revista de Espeleología y Arqueología 6(2): 16-21.

Pérez Orozco, L., Viera Muñoz, R. A., y Santana Barani, C. (2007). Arqueología histórica en el Castillo de San Severino. 1861 Revista de Espeleología y Arqueología: Edición Especial, Junio, 2007: pp. 6-56.

Pérez Orozco, L., Viera Muñoz, R., y Santana Barani, C. (2008). Arqueología histórica en el Castillo de San Severino (Matanzas, Cuba). Castillos de España 149: 43-59.

Hernández De Lara, O. y Rodríguez Tápanes, B. E. (2010). La arqueología histórica en el castillo de San Severino, Matanzas, Cuba: Resultados de investigación y cronología. Cuadernos de Antropología 6(2): 133-150.

Orihuela, J. y Viera Muñoz, R. A. (2015). Las pipas de fumar tabaco del Castillo de San Severino (Matanzas, Cuba): tipología, espectroscopia (SEM-EDS) y análisis contextual. Cuba Arqueologica XVIII (2): 5-32.  

Orihuela, J. y Viera Muñoz, R. A. 2016. Clay tobacco pipes from a colonial refuse deposit in Fort San Severino, Matanzas Province, Cuba. International Journal of Historical Archaeology, 20: 378-404. DOI 10.1007/s10761-016-03337-6.