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sábado, 16 de noviembre de 2019

Revive el gran Sauto de Matanzas: fotos

Aquí queremos compartir algunas fotografías de la reapertura histórica del gran teatro Sauto el 12 de octubre del 2019. Esperemos que las disfruten y queden como un testimonio a ese importante momento de nuestra historia.














martes, 15 de octubre de 2019

Histórica reapertura del Teatro Sauto

Este 12 de octubre de 2019, celebramos doblemente: el 326 aniversario de la fundación de la ciudad de Matanzas y la histórica reapertura del gran Teatro Sauto. Las puertas del teatro abrieron a la 8 de la noche, presentando a su primer público un manjar de ofertas culturales. Tan importante suceso de nuestra cultura estuvo matizado por un intenso, pero pasajero, aguacero, como si la naturaleza también se uniera a una celebración largamente esperada. Ese logro no puede pasar desapercibido hoy.


Aquí compartimos un fragmento de la prensa local al momento de su original apertura, aquel 6 de abril de 1863:

Matanzas, 7 de abril: Muchos años transcurrirán y la memoria de los matanceros no habrá dado al olvido el ponente y grandioso espectáculo que presento a los ojos de una concurrencia de más de dos mil almas el soberbio Teatro Esteban en el solemne acto de su inauguración.

Los acontecimientos de esta clase son para la historia de los pueblos como las piedras milenarias que sirven para determinar los límites de las diferentes demarcaciones del terreno y la cronología se fija en ello, como para hacer alto y poder apreciar con exclusiva separación una de otras, las diferentes épocas que comprende la historia de su progreso material e intelectual.

Al terminar el bello coliseo, cuya inauguración motiva las presentes líneas, y que siendo obra del hábil arquitecto D. Daniel Dallaglio, nos ha dado a conocer todo lo que tan modesto artista vale, Matanzas ha dado un paso gigantesco, y el buen gusto y el entusiasmo artístico no podrán menos que alcanzar un rápido desarrollo, así como la literatura habrá de producirnos obras en el género dramático que serán probablemente gloria para sus autores y honra para la patria
” [sic].


Lo sucedido en el Teatro Sauto este pasado sábado hace muchísimo eco a estas palabras. Pero hoy, como ayer, este inmenso logro no fue, ni siquiera remotamente posible, sin el titánico esfuerzo de muchos que vertieron todas su horas, conocimientos y fuerza para verlo funcional y conservando su originalidad arquitectónica. La prensa local de febrero de ese año igualmente hace alusión al esfuerzo realizado entonces para finalmente verlo abierto al público aquel 6 de abril:

Por lo que respecta a la inauguración del Teatro Esteban [Sauto], abrigo temores de que se transfiera al sábado 11 o domingo 12 del presente mes. Sin embargo, el que desee presenciarla debe hallarse listo a oír la voz ejecutiva del Dr. Sauto en la Aurora y demás periódicos de esta parte de la Isla…a esta hora todos los palcos están tomados” [sic].


Aquella primera apertura incluía en su programa un himno del Sr. Estrada y Zenea con música del Sr. Miro. Acto seguido se llevaron a escena dos representaciones dramáticas, varias composiciones poéticas y canto. Hoy, 156 años después, el programa incluyó un bello homenaje a todas las personas que estuvieron involucradas, de una manera u otra, con la restauración del teatro, reconociendo incluso aquellas que participaron en previas intervenciones. Entre ellas un tributo a Cecilia Sodis Carrillo, quien fue directora del Sauto por casi un cuarto de siglo, seguido por un inolvidable y emotivo discurso del conservador de la ciudad, Leonel Pérez Orozco.



 
Para ver otros de nuestros posts sobre el Teatro Sauto, haga click aquí, aquí y aquí.


lunes, 26 de noviembre de 2018

Resurrección de los adoquines de Matanzas

Los adoquines resucitan para adornar, una vez más, algunas calles matanceras. Luego de varias décadas bajo el asfalto algunos espacios, como la calle del Medio o la Plaza de la Vigía, lucen nuevamente este centenario pavimento que exhibe su carácter funcional de antaño en perfecta sincronía con su significación patrimonial y la restauración de la ciudad. El origen y la composición de estas piedras es el tema que abordaremos en este blog.

Adoquines antiguos, de forma de cubo, de la Plaza de la Vigía. 

Estas rocas cortadas en bloques o cubos, son conocidas geológicamente como granito: una roca ígnea, de origen plutónico, muy dura y de edad considerable, compuesta de agregados de minerales como el cuarzo, el feldespato, plagioclasas, la biotita y la hornablenda. Desde la geología, al granito se le conoce como una roca de origen plutónico porque se forma en las entrañas de la tierra, o sea, en la litosfera a cientos de kilómetros de profundidad, lo que hace referencia al reino del inframundo, donde reinaba el mítico Plutón.

El granito de los adoquines de Matanzas es de origen norteamericano, importado de las canteras de Westerly, Otis y Westford, en el estado de Massachusetts y Connecticut desde mediados y finales del siglo XIX. Es por esto que siempre se les ha conocido como granito de Boston. Estas canteras comenzaron sus actividades a partir de 1792 y algunas de ellas aún se mantienen activas. El granito procedente de estas regiones, que adorna nuestras calles, es de tipo granodioritico; una forma de granito con minerales más finos y uniformes, donde predomina el mineral opaco de biotita. Los minerales que las componen crecieron y se solidificaron hace cientos de millones de años, en la época Precámbrica, en un antigua recámara volcánica.

Microfotografía de una muestra o sección delgada de un adoquín matancero. Aquí se puede observar grandes granos de feldespatos y cuarzo, y fragmentos más pequeños de biotita, moscovita y hornablenda.  

Matanzas no siempre tuvo adoquines o empedradas sus calles. Inclusive, muchos de los viajeros que la visitaron desde mediados del siglo XVIII y el XIX notaron las malas condiciones de sus calles, precisamente porque estas no cumplían con las más deseadas condiciones para el tránsito de peatones y carruajes. No sería hasta mediados del siglo XIX que se comenzaría a empedrar primero, y luego hacia finales del XIX, a adoquinar las calles de Matanzas. 

Antes de la llegada de los adoquines el sistema de empedrado se realizaba mediante la colocación minuciosa de rocas caracterizadas por su dureza y peculiar forma. Estas se colocaban sobre un substrato arenoso, usualmente adheridas al mismo mediante el empleo de un mortero permeable y flexible. Esto permitía el escurrimiento del agua y el lodo, prolongando la calidad de las vías y haciéndolas más cómodas para el tránsito.

Un ejemplo interesante del empedrado colocado entre 1854 y 1855 en la primitiva Plaza de la Vigía fue descubierto en las labores arqueológicas del Teatro Sauto. Este había sido inteligentemente preservado y utilizado por el arquitecto Daniel Dall’Aglio para mantener el substrato del Teatro Sauto. Los mismos barcos que visitaban el puerto, en ocasiones también cedían o vendían su balastro para el empedrado de la ciudad.

Guijarros o empedrado de la antigua plaza de la Vigía que existió debajo del actual Teatro Sauto. 

Con el crecimiento económico y social que experimentó la ciudad durante la segunda mitad del siglo XIX, se hizo evidente la necesidad de recubrir sus calles con adoquines, seleccionándose los que se extraían de las canteras de Massachusetts, Nuevo Hampshire y Connecticut. Esto se facilitó dada la estrecha relación que había entre estas ciudades norteamericanas y la nuestra. Desde 1879, y durante la década de 1880, se adoquinó la plaza de la Vigía, calles del puerto y de la ciudad.

Los primeros adoquines eran de forma cuboide, como los que se ven en la Plaza de la Vigía. A estos les siguió después otros cortados al estilo de bloque rectangular, conocidos como estilo belga, como los que se pueden apreciar en la calle del Medio y en el cuartel de Bomberos. Según la prensa del momento, el costo de importación de estos adoquines norteamericanos era de 25 centavos por cada 1000 kg. 

Adoquines del estilo belga del Cuartel de Bomberos. 

Luego, con el arribo del tranvía y el asfaltado de las calles, en especial los proyectos de los años 20 y 30 del siglo XX, quedaron sepultados los viejos adoquines y guijarros de las antiguas calles. Estos mismos adoquines hoy resucitan junto una ciudad inmersa en una novedosa restauración, y son testigos del suave despertar de “La ciudad dormida”.


martes, 21 de marzo de 2017

Teatro Sauto y Cuevas de Bellamar: Nacimiento Gemelo

La construcción del teatro Esteban, hoy más conocido por teatro Sauto, comenzó en el año 1860 y se concluyó en 1863, siendo considerado por la prensa local (La Aurora) como “la pieza arquitectónica más avanzada de Cuba” en ese momento. Para la edificación se utilizaron tanto materiales de importación como locales. En este sentido los servicios para el suministro de la cal fueron contratados a Don Manuel Santos Parga, propietario de la finca “La Alcancía”.

Grabado de 1870, publicado en La Ilustración Española.

Durante los trabajos que se realizaban en los terrenos de Santos Parga el operario chino, Justo Wong, se llevó un susto de muerte al ver como la tierra se tragaba de un golpe la pesada barreta de metal con la que socavaba el suelo.

Entrada principal al Salón Gótico

De inmediato dio aviso del suceso al dueño del lugar, quien no tardó en hacerse presente en el sitio señalado por Wong. Santos Parga dio orden de ensanchar la abertura para poder vislumbrar en mejor medida la causa de tan extraño acontecimiento. Al hacer descender por el boquete una lámpara, Don Manuel se percató de la importancia del hallazgo; corría el año 1861 y acababan de ser descubiertas las Cuevas de Bellamar. 

Famoso Manto de Colón

Don Manuel no tardo en aventurarse por su cuenta en las eternas sombras de la espelunca. Fue el primer ser humano en descender a un mundo oculto completamente virgen, llegando a explorar lugares que aun hoy son de difícil acceso. Este emprendedor caballero tuvo la idea de habilitar el nuevo bien que se añadía a su propiedad con el fin de que el público pudiera apreciar las maravillas subterráneas de Matanzas.

Formaciones cristalinas y minerales, características del mundo subterráneo de Bellamar.

Ya existía un antecedente similar en la región, la cueva de la Campana, o Cueva de Simpson, como se conoció en aquella época, cuando desde 1804 (como la visita del obispo de Espada) se venían realizando excursiones al lugar. Pero el caso de Bellamar fue diferente en el sentido que fue un negocio ordenadamente instituido, manteniéndose abierto hasta la actualidad y siendo el sitio turístico en activo más antiguo de toda Cuba.

Estereovista de la Cueva de Bellamar en 1899.
Colección Ramiro Fernández, University of Miami (UM).

He aquí el estrecho vínculo de dos de los más conocidos e importantes símbolos de la ciudad. Gracias a la construcción del teatro Sauto fueron sacadas a la luz las maravillas de Bellamar. Mucho antes que los hombres dejaran su huella en la región y legaran a Matanzas de ese espíritu romántico, único, eterno ya la naturaleza había sido pródiga en el sitio, tal vez para servir de antesala idónea a todo aquello que vendría después; no podía haber sido de otra manera para que el resultado fuera tan preciso, y Bellamar es un ejemplo más de ello.

Grabado de Bellamar a mediados del siglo XIX. Coll. Leonel P. Orozco.

Este post fue inspirado por el trabajo investigativo del arquitecto, hijo de Matanzas, Ramón Cótarelo, quien dedico los años de su vida y conocimiento a la protección y restauración del patrimonio matancero. Su libro, Matanzas desde su Arquitectura, recoge una versión más detallada de este relato.

Graffiti a lápiz de visitantes de Bellamar en 1900.

Vea la pagina de La Voz de Galaicia dedicada a la vida aventurada de Don Manuel Santos Parga. 

miércoles, 6 de abril de 2016

Aniversario 153 del teatro Sauto


Imagen del teatro tomada en 2012
El teatro Sauto quedó oficialmente inaugurado el 6 de abril de 1863 bajo el nombre de teatro Esteban, en  honor al Gobernador de Matanzas Don Pedro Esteban de Arranz. La ciudad contaba desde años antes con otros espacios destinados a la representación teatral, donde el teatro Principal constituyó el sitio más importante. Para mediados del siglo XIX este lugar no era capaz de cubrir las necesidades culturales de la ya poderosa e ilustrada sociedad matancera, razón por la que se convoca a un concurso en 1858 donde serían presentados los proyectos del nuevo teatro. La comisión encargada selecciona finalmente el proyecto presentado por el arquitecto italiano Daniel Dall’ Aglio. La construcción comienza en 1860 y estaba proyectada para finalizarse en 1862, razón por la cual esta es la fecha que aparece en los arcos de metal que se encuentran en las puertas de acceso al vestíbulo.
La sala vista desde el escenario

El día de la inauguración la capacidad del edificio estaba totalmente abarrotada, incluso muchas personas tuvieron que permanecer de pie. Entre la nutrida concurrencia había personalidades de la distinción del Capitán General Domingo Dulce, quien acudió acompañado de una numerosa comitiva. A partir de esta fecha el teatro se convirtió en un importantísimo espacio donde actuaron figuras de renombre nacional e internacional. Por sus tablas desfilaron artistas de la talla de José White, Miguel Failde, Sarah Bernhardt, Adela Robreño, Adelaida Ristori y Marietta Gazzaniga.

Arco de metal sobre la puerta principal


Con el fin del dominio español en la isla se decide cambiar el antiguo nombre del teatro y rebautizarlo con el de Sauto, merecida distinción que se hacía con aquel que tanto tiempo y dinero de su fortuna personal dedicara a levantar el sueño de los matanceros de entonces.
Vista parcial de la sala antes del cierre del teatro en 2009
Actualmente el edificio permanece cerrado desde 2009 a causa de una reparación capital. La dirección y las oficinas del Conservador y el Historiador del teatro han sido claves en los esfuerzos para que durante el actual proceso se preserve la originalidad del edificio y se reconstruya debidamente lo que esté irreversiblemente deteriorado. No obstante, compartimos la idea de que muchas de las ejecuciones realizadas no han contado con la calidad necesaria y se han sustituido otros elementos innecesariamente. Como quiera que sea, el teatro lleva más de 6 años cerrado al público, más del doble del tiempo que tomó construirlo. El pueblo matancero se impacienta por ver concluida, eficientemente, una reparación que se ha prolongado demasiado; y es que no estamos hablando de un edificio cualquiera, nos referimos al teatro Sauto, nuestro teatro, ese inmenso símbolo de la cultura cubana que hoy cumple 153 años y que es parte insoslayable en el paisaje de la vida de cada matancero. 

Detalle de la fachada posterior



viernes, 11 de marzo de 2016

Teatro Sauto, arqueologia


El teatro Sauto abrió oficialmente sus puertas el 6 de abril de 1863. Su diseño se debe al ingenio del arquitecto, ingeniero y pintor escenográfico Daniel Dall’Aglio, quien concibió una magnífica obra de estilo neoclásico. El teatro resalta por la exquisitez de sus formas, su asombrosa simetría, el buen gusto de los elementos decorativos y la excelente acústica alrededor de la cual se han generado interesantes mitos. Al decir del historiador español Jacobo de la Pezuela el teatro era digno de cualquier capital europea. Desde su fundación hasta su cierre temporal en el año 2009, por motivos de reparación, el escenario del teatro ha sido testigo del desempeño de relevantes figuras de renombre internacional, haciendo de este espacio un punto de visita casi obligada para aquellos artistas, criollos y foráneos, que serían catados por el tradicionalmente culto público matancero.

Fotografía actual del teatro Sauto

Pero “el Sauto”, como es conocido popularmente, es mucho más que historia teatral y musical, mucho más que arte y danza. Nuestro teatro es el umbral que nos lleva hasta incontables pasajes de la historia local, guardando valiosos testigos de épocas que se remontan, incluso, a tiempos anteriores a la llegada de los primeros hispanos a esas tierras. Precisamente, una de esas maravillosas ventanas yace sepultada bajo sus centenarios cimientos.

En el año 2007, la Dirección y la Oficina del Historiador del coliseo matancero crearon la Oficina del Conservador. Lógicamente el objetivo fundamental estaba dirigido a proteger, preservar y restaurar los incontables bienes patrimoniales muebles e inmuebles que están relacionados con el teatro. Dentro del marco de la recién creada oficina, se decide proceder a realizar excavaciones arqueológicas en algunos puntos del interior del edificio (ver Viera y Perez, 2014).

El primero de estos trabajos se concentró en el fumadero sur, área constituida por una especie de portal enrejado abierto en la fachada que mira hacia el cuartel de bomberos. Esta excavación alcanzó una profundidad máxima de 4.14 metros, cuando se llega a la roca estructural de la región. En las primeras capas de tierra se descubrieron numerosos elementos del siglo XX, todos llegados al lugar producto de intervenciones reconstructivas ejecutadas a finales de la década del 60 del siglo XX.


Imagen de la excavación realizada en el fumadero sur

A partir de los 70 centímetros de profundidad desaparecen todas las evidencias del siglo XX y comienzan a aflorar objetos pertenecientes al período colonial. Lo interesante es que estas piezas no se encontraban depositadas en orden cronológico, sino que aparecían totalmente mezcladas, siendo posible encontrar a un mismo nivel elementos del siglo XIX junto a otros del siglo XVII. En este sentido es válido aclarar que este fenómeno se debe a que los estratos que se estaban recuperando constituían el sedimento que fue removido de la zona para excavar la zapata del teatro, reutilizándose toda esa tierra para rellenar el desnivel que presenta la zona producto de la inclinación natural del terreno.

En estos estratos fueron encontradas numerosas piezas de gran importancia, algunas de las cuales pudieran estar relacionadas con la construcción del teatro. Pero tal vez entre los objetos más interesantes se encuentren aquellos que pueden identificarse como aborígenes. La relevancia de estos elementos radica precisamente en que pudieran constituir las primeras evidencias arqueológicas relacionadas con el legendario pueblo aborigen de Yucayo, tradicionalmente ubicado en esa área. Hay que recordar que el cacique de este pueblo, Guayucayex, fue quien protagonizó el primer acto de rebeldía aborigen en Cuba, hacia el año 1510.


Fragmento de mayólica Santa María Polícromo                   Fragmento de mayólica Delftware azul sobre blanco

Otro de los descubrimientos de gran importancia de esta excavación fue el empedrado original de la Plaza de la Vigía. A mediados del siglo XIX la Plaza se pavimentó utilizando guijarros o “chinas pelonas”. No se había reportado con anterioridad ninguna evidencia de este primitivo pavimento, pero en la excavación realizada, a poco más de dos metros de profundidad, apareció una magnífica sección de ese empedrado. Al parecer, Dall’Aglio no levantó todo ese suelo cuando construyó el teatro, sino que lo hizo solo donde se hacía necesario cavar en el terreno, utilizando el antiguo empedrado y su apisonado como parte de las capas sobre las cuales levantó el edificio.

Pavimento de la Plaza de la Vigía descubierto en la excavación del fumadero sur

La excavación, más pequeña, se desarrolló en el interior del sótano de la platea. Aquí aparecieron igualmente numerosas piezas arqueológicas, pero esta vez halladas en perfecto orden cronológico. Fue posible detectar elementos pertenecientes a los siglos XVIII y XIX pero a poco más de un metro de profundidad se hizo imposible continuar avanzando producto de que la excavación comenzó a anegarse debido a las características cenagosas del terreno donde se realizaba el trabajo.

Por otra parte, durante las labores de restauración fue descubierta, fortuitamente, una de las letrinas del teatro. Es importante recordar que las letrinas constituían un espacio de amplio uso, no solo limitado a albergar los deshechos orgánicos, sino también toda la basura de los edificios. Por tanto, la excavación arqueológica de estos sitios constituye un trabajo fundamental para reconstruir en mejor medida la vida de las antiguas construcciones. A este lugar iban a parar los objetos más insólitos que hoy representan valiosa información arqueológica.


Interior de la letrina descubierta en el ala norte del teatro

Al hallarse este espacio, y guiados por la simetría del edificio, se decidió levantar el suelo del área similar que se encuentra en la otra ala del teatro con la esperanza de hallar una estructura de características semejantes. A escasa profundidad fue posible detectar la aparición de la otra letrina. Ambos espacios se construyeron tallando la roca estructural y levantando sobre ella una bella bóveda de ladrillos que es atravesada transversalmente por dos bellos arcos también de ladrillos. Hasta el presente, estos espacios se mantienen repletos de sedimento y serán excavados arqueológicamente en futuras campañas.

Un importante número de los valores con que cuenta el teatro, incluidos los elementos arqueológicos recuperados, formarán parte de salas expositivas dentro de los muros de este admirable edificio. En este sentido se estarán adicionando nuevos espacios que vienen a enriquecer sobremanera la significación del coliseo matancero, más allá de la función primigenia que dio paso a su erección. Se estará entonces validando, una vez más, el papel que desempeña nuestro teatro en la preservación y puesta en valor de la herencia cultural cubana.





Fuentes consultadas


Viera, Ricardo y Perez Leonel (2014). Intervenciones arqueológicas en el teatro Sauto. Gabinete de Arqueología, No. 10, año 10. Pp. 17-24.