sábado, 5 de septiembre de 2020

Nuevos datos sobre la historia de Matanzas: 1680-1695

Fieles a nuestras convicciones de profundizar sobre la historia de Matanzas – ya bien sea desde las ciencias sociales y antiguos documentos – finalmente nos encontramos satisfechos de ver publicado nuestro tratado sobre los procesos que dieron principio oficial a la ciudad. Este ha sido un proyecto prolongado, comenzado desde el 2016 con la búsqueda y adquisición de requerida documentación en archivos españoles, seguido por búsquedas exhaustivas en repositorios nacionales y locales. 

En general, en el trabajo se aborda una variada gama de fuentes documentales y se exponen novedosos datos sobre los actos fundacionales y la preparación del terreno que se convertiría luego en ciudad. Ya en otros posts – y publicaciones – hemos discutido y difundido sobre la inmigración isleña, la demografía, el primer escudo diseñado para representar a la ciudad, los mapas utilizados para la fundación, entre otras cuestiones. 

En esta ocasión compartimos un breve abstracto de las conclusiones. Para más información, convidamos al lector interesado que acceda al documento original, en el cual se presenta una amplia lista de materiales de obligada consulta para continuar con el rescate histórico que nos proponemos, y al que otros igualmente contribuyen o contribuirán. Este es nuestro granito de arena. 

[…La información presentada, alguna de ella novedosa e inédita, nos permite múltiples perspectivas sobre el proceso pre y fundacional, donde resaltan cuatro momentos importantes. El primero a finales de 1681, cuando el gobernador Fernández de Córdoba impulsa, con un reconocimiento de la bahía, cálculos y planos realizados por el ingeniero Juan de Síscara, el proceso de fortificación y población que fue aprobado en la real cédula del 12 de abril de 1682. En este momento se escoge el sitio para urbanizar al fondo de la bahía entre los ríos San Juan y Yumurí. El segundo entre 1687 y 1688, cuando el gobernador Diego Viana Hinojosa adquiere permiso real para fortificar la desembocadura del río San Juan y realiza los primeros trabajos en el sitio que sería luego la ciudad de Matanzas al comenzar una cantera y un horno de cal. El tercer momento ocurre en enero de 1690, cuando el gobernador interino Severino de Manzaneda realiza un viaje de reconocimiento, igualmente acompañado por el ingeniero Juan de Síscara donde se insiste en los errores de los reconocimientos y planos anteriores. La Laja resultó no ser un obstáculo y Manzaneda sugirió relocalizar la ubicación de la fortaleza más al fondo de la bahía. Un cuarto momento fue el fundacional, en el año 1693. Desde enero se desmontó, delineó y midió el terreno que sería la urbe y se reubicó la fortaleza en contra de las órdenes reales. Las dimensiones que tomaría la extensión urbana y los solares fueron resultado de mediciones tomadas desde enero de 1693 por el agrimensor Uribe Ozeta y el ingeniero militar Juan de Herrera. Las primeras familias de emigrantes canarios llegaron al sitio a finales de mayo de 1693 para comenzar a poblar en vísperas de la fundación. Asimismo, pasaron el asentista, maestros y esclavos constructores a continuar las construcciones de la fortaleza.

El castillo tuvo meses de preparación y condicionamiento del terreno desde enero de ese mismo año, lo que puede interpretarse como el comienzo de la construcción, aunque su “primera piedra” no fue colocada oficialmente hasta el 13 de octubre de 1693. Al final, el Castillo de San Severino no se construyó en Punta Gorda, según estrictamente le indicó la Junta y el Rey a Manzaneda. Esta localidad constituye un accidente geomorfológico que ha variado en cuanto a su ubicación en la cartografía de la bahía desde entonces. Igualmente surgen los topónimos del “Morrillo” y “la Vigía”, entre otros, como puntos identificados y con orígenes anteriores a 1693. Nuestro análisis revela que la playa arenosa del margen norte del antiguo río de Matanzas, actual San Juan, ya se conocía como “de la Vigía” desde el tiempo de Viana, lo que se extendió luego a la toponimia de la primera plaza fundacional y el fuerte que años después se construyó allí, y no viceversa, como se pensaba tradicionalmente.

Matanzas finalmente emergió de un plan predestinado con planta detallada y el impulso de las cédulas reales. Pero no siguió a rajatablas todas las ordenanzas reales o Leyes de Indias. Entre las labores reluce el desempeño del ingeniero Juan de Herrera, el agrimensor-escribano Juan de Uribe Ozeta en todo el proceso fundacional, siendo igualmente importante el aporte de Juan de Síscara sobre la organización cartográfica y el planeamiento en la disposición final de la ciudadela sobre el terreno.”]

Esperamos que este nuevo tratado aporte mayor conocimiento y reveladores datos no solo al pueblo matancero, sino a todos los coterráneos interesados en nuestra identidad y en nuestras raíces. Que esta información continúe guiándonos en develar nuestra identidad. 


Cita recomendada

Orihuela León, J., R. A. Viera Muñoz, & O. Hernández-de-Lara (2020). Los procesos prefundacionales de San Carlos de Matanzas (1680-1695): perspectivas historiográficas. Cuba Arqueológica 13(1): 39-64. 

Disponible a descargar gratis, aqui


viernes, 7 de agosto de 2020

Siempre Leal: por arquitecto Ramón Cotarelo Crego

Texto del arquitecto Ramón Cotarelo Crego, publicado en las Memorias de la Ciudad en homenaje al Dr. Eusebio Leal Spengler. Publicado en este blog con permiso del autor. Tomamos un momento para agradecer al arquitecto Cotarelo toda la labor y empeño que dedicó – y aún dedica - a la Ciudad de Matanzas, su historia y su arquitectura. 

SIEMPRE   LEAL


Tiempo, tiempo, tiempo, esos fueron los tres deseos que pidió Eusebio Leal en su último giro a la ceiba en El Templete. Tiempo, necesario para continuar extendiendo su pasión a cada centro histórico del país con méritos para ser estudiado, rescatado y protegido, incluyendo e integrando a todos en un victorioso trabajo de equipo. Leal no fue de los que apagaban luces para brillar solo, por el contrario, iba encendiendo lámparas por todos lados para el bien común. Tiempo, que como ningún otro sabía organizar y multiplicar para poder asumir las más disímiles y presionantes tareas, cosa que siempre le admiré. 

Encontré a Leal por primera vez de forma casual hace 50 años, era 1969, yo era un joven estudiante de arquitectura, curioso y sediento de saber, que merodeaba una tarde los alrededores del palacio de los Capitanes Generales cuando salía “él” del edificio, empujando una carretilla cargada con materiales de demolición, lo que me permitió preguntarle por las obras y concertar una visita posterior. Así nació una amistad prolongada en medio siglo. 

Tuve la posibilidad de encontrarlo otras veces, nos visitó en 1970 en la escuela de Arquitectura invitado por Roberto Segre y poco a poco comencé a seguir los primeros pasos que se daban en el rescate de la Habana Vieja. 

Se repitieron los encuentros y al graduarme fui destinado a Matanzas donde realicé un dilatado servicio social en obras industriales, siempre con la aspiración de un día poder entrar en el mundo de la salvaguarda del patrimonio cultural. Ese día llegó en el 1978, y me convertí en la piedra fundacional del equipo de monumentos de la provincia de Matanzas, donde me mantuve hasta 1994, cuando, por razones mayores, me aparté físicamente pero nunca sentimentalmente de aquel colectivo. Leal seguía mis pasos por Matanzas, conservo en mis archivos más de una carta suya, dándome aliento y confianza. Fueron años de aprendizaje, de victorias y amarguras como conlleva este trabajo, pero consolidando día a día estrechos vínculos con todos mis compañeros que participaban en la gran batalla a favor del patrimonio cultural.   

La distancia entre La Habana y Matanzas nunca fue obstáculo para nuestro intercambio, no lo fue tampoco más tarde cuando se puso el océano por medio, y me llenaban de júbilo sus mensajes y los encuentros cuando coincidíamos en algún congreso por diversos lugares del orbe.

Mucho se ha escrito en estos días sobre las virtudes de Eusebio Leal, no pretendo repetirlas, pues otros con mayor cercanía lo han hecho espléndidamente, pero sí quisiera resaltar entre ellas su disciplina de trabajo, esa energía inagotable, sacada de un esfuerzo enorme pues su organismo estaba resentido desde hacía muchos años, no solo en los últimos cuando su ausencia no se pudo pasar por alto. 

Me resulta inevitable recordar a José Martí, con aquellas palabras de “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”, pues su grandeza estaba sustentada en una inmensa humildad. Hoy, algún desagradecido ha pretendido ridículamente buscar manchas en medio de tanta brillantez. Nadie es perfecto, pero en su caso el sol es toda luz y, volviendo al Maestro, no resta más que decir que “los agradecidos hablan de la luz”, es imposible no reconocer su generosidad que “congregó a los hombres” y su “elogio oportuno “, porque “es cobarde quien ve el mérito humilde y no lo alaba”. Leal supo apoyar decididamente a las nuevas generaciones pues “quien se alimenta de ideas jóvenes, vive siempre joven” y defendió siempre, al precio que fuera necesario, lo que consideró justo.

Leo y releo los mensajes que nos intercambiamos durante años y es inevitable que me detenga en cómo seguía mi obra y sabía de injusticias y de amargos dolores. Tantas cosas seguirán como hasta hoy guardadas silenciosamente en mis carpetas, pero, tengo que confesar que me emociono al recordar nuestro último encuentro, en Barcelona, durante el evento de arquitecturas de ida y vuelta 2009, donde, con un abrazo inolvidable me dijo: fui a Matanzas y dije ante las mayores autoridades aquello con lo cual me sentía moralmente comprometido contigo.  Gracias eternamente amigo Leal, de apellido y de comportamiento, por todo lo que nos enseñaste, por todo lo que nos dejas y por el camino abierto para seguir andando. Yo también tengo un compromiso moral contigo, solo pido como tú un poco de tiempo para poder culminarlo.

Agradecimiento eterno para tí y para tu OBRA, pues como sentenció el poeta Virgilio “...mientras el río corra, los montes den sombra y en el cielo haya estrellas, debe durar la memoria del beneficio en la mente del hombre agradecido …”.

Ramón Cotarelo Crego. Viareggio. Italia. 2 de agosto de 2020.


jueves, 6 de agosto de 2020

Eulogia a Leal: Gratia aeternum

El viernes 31 de julio de 2020, en las horas de la mañana, falleció Eusebio Leal Spengler. Primero que nada, extiendo mi más sentido pésame a la familia del Dr. Leal, y amigos que le sobreviven. Quisiera aquí rendirle un breve homenaje, en honor al legado latente e incalculable que nos deja y el amor tan intenso que profesaba por la ciudad de Matanzas. 

Leal fue hombre de pensamiento agudo, con un don para la palabra escrita y la oratoria. Fue hombre de vasta cultura y conocimiento de la historia del mundo, y en especial, de Cuba. Pero más que un intelectual, hombre de ideas y de amplia erudición, lo fue también de acción. Evidencia de su ímpetu, sacrificio, y magno esfuerzo queda reflejado hoy en varias ciudades de Cuba, y en especial en su Habana. De su extraordinaria lucidez surgió una profunda convicción que lo impulsó toda su vida a luchar por un ideal, y de realizar la inmensa labor que cumplió. Hoy muchos compartimos una convicción similar; un ideal similar.

Hay muchos más cercanos que le conocieron bien y están en mucha mejor posición de brindar al mundo lo que fue compartir con Leal, trabajar, y luchar junto a él. Aquí no puedo más que compartir el mío, mi experiencia, la cual evocando a Martí manifiesta que “lo que aquí doy a ver lo he visto antes (yo le he visto, yo) y he visto mucho más, que huyó sin darme tiempo a que copiara sus rasgos…”

La primera vez que lo vi fue en el 92’ y yo no era más que un niño. Se realizaba una actividad en el segundo piso de la biblioteca Gener y Del Monte, en la ciudad de Matanzas, donde acudieron además otras personalidades de la historia y la arqueología. En aquel entonces personajes como Antonio Nuñez Jiménez, Manuel Rivero de la Calle, y el mismo Leal, eran para mi mente infantil, inalcanzables como estrellas de cine; eran personas que aparecían en la televisión o en los libros, causando instantánea admiración. Compartir aquel espacio me impresionaría para siempre.

Muchos años después, el Tiempo me regalaría una y última oportunidad de conocerlo. Ello tomo lugar en el 2019, en La Habana, gracias a una introducción que nos haría el Conservador de Matanzas, Leonel Pérez Orozco. Nos dimos la mano y platicamos brevemente. Me miró fijamente a los ojos, con candidez, pero penetrantemente. En su miranda, que estimé cansada, titilaban unos ojos brillantes; espejos de una mente curiosa y ocupada. Su saludo, muy firme. 

Con energía entró al salón. Con su voz profunda y seria, como un cura, sosteniéndose el dedo meñique izquierdo - como solía hacer cuando organizaba su impecable e implacable oratoria - convidaba atención; con tremenda emoción nos ofrecía a que con él visitáramos el Castillo de Atarés. Una impresión como esa, es difícil olvidar de las personas que admiramos.

El espíritu de personas como Leal no es común. En ellas se recogen exquisitas y raras cualidades, que, al juntarse, permiten las pruebas de valor y decisión que a ellos vemos ver realizar. No solo la erudición, la perseverancia y ocio del estudio, sino también la valentía de luchar por aquello en que se cree apasionadamente; la humildad de llevar un mensaje a todos por igual con la facilidad de la explicación y la palabra – de convidar mensajes de unificación, inspiración y de identidad mezclados con profundos sentimientos de patriotismo. Hombres como Leal no tienen reemplazo y son muy difícil de falsificar.

Si algo ha quedado claro en estos días en que se le ha rendido tributo a su vida, a su legado y a su obra, es el amplio e incalculable alcance de su influencia; la trascendencia de su inspiración. No solo en los campos de la historia y el patrimonio, sino en los de la educación, la cultura y el arte. Leal fue un hombre del mundo, y muy especialmente de Cuba. Su ejemplo, guiado por un fuerte sentido de un ideal, nos permite continuar preparando un futuro desde el pasado. Como diría Pablo A. Fernández “la palabra en él alumbra las huellas que, al pasar, imprimen hombres y mujeres, entregados a hacer de Cuba el Ser que nos defina”

Leal ha desaparecido irreparablemente, pero sus ideas, su pensamiento, como legado permanecen. Como diría el Padre Varela en una ocasión “…yo sé desaparecer, pero mis ideas prevalecerán...” Y querido Leal, su ejemplo y su obra prevalecen. Eternamente gracias por formar e inspirar, con tus actos y tu palabra, a más de una generación de cubanos.


Inmensamente agradecemos la invitación para participar en las Memorias de la Ciudad, donde fueron publicadas estas palabras, y a su coordinador Arnaldo Batista por tan grata invitación. Muchas gracias.