lunes, 23 de marzo de 2020

El escudo perdido del Castillo de San Severino

¿Sabían que el Castillo de San Severino, fortaleza colonial localizada en la bahía de Matanzas, portó escudos que constituyen un ejemplo significativo de la heráldica colonial hispana? Pues así fue. Nuestra fortaleza exhibió dos escudos de armas, por lo menos hasta la primera década del siglo XX: uno sobre el frontispicio de la puerta principal y otro, hoy desaparecido. Este enigmático blasón es conocido actualmente solo a partir de una fotografía en el Magazine de La Lucha, número especial publicado en 1926.

Escudo de armas de Francisco Güemes y Horcasitas:
antiguo escudo desaparecido del Castillo de San Severino,
 tomado del artículo de Juan D. Byrne en el Magazine de La Lucha (1926). 
Foto publicada erróneamente invertida. 

Dos de las referencias conocidas de los escudos corresponden al que esta preservado en el frontispicio de la fortaleza. Estas proceden, una del Guión de Recorrido del hoy Museo de la Ruta del Esclavo y la otra de la monografía de S. Hernández Godoy sobre la fortaleza. En la primera se manifiesta que: “El mismo era el Escudo Real de la Casa de Austria, a la cual pertenecía Carlos II, rey regente de España durante el período de construcción del Castillo”. Esta adjudicación es errónea y probablemente fue asumida a partir del hecho de que San Severino se comenzó a construir durante el reinado de Carlos II (1665-1700), aunque no fue hasta la década del cuarenta el siglo XVIII que se culminaron las obras. Por otra parte, la historiadora matancera, Dra. Hernández Godoy hace referencia una carta del Gobernador de Cuba Severino de Manzaneda al Rey de España Carlos II con fecha del 26 de octubre de 1695, donde se informa que: “…el frontispicio de la puerta de cantería estaba perfectamente acabado y se encontraban colocadas las armas de su majestad al costo de 12000 Reales (1500 pesos)”. Sin embargo, el escudo que se conserva en el Castillo de San Severino no se corresponde con el de Carlos II ni Felipe V, su sucesor, o a ninguno de la Corona española.

Blasón de la Corona española en el frontispicio La Cabaña, en la ciudad de La Habana.

El segundo escudo, cuyo paradero se desconoce hoy, fue incluido en el Magazine de La Lucha, donde se publica la única foto conocida hasta el momento. No se conocen otras referencias gráficas de este blasón. ¿Pero entonces a que personaje o soberano pertenece y que representaba ese escudo? ¿Cuándo se colocó allí? Esa es la trama de nuestro articulo recientemente publicado en la Revista Matanzas (No. 1, 2020). Allí intentamos responder estas preguntas. Aquí les compartimos parte de ese artículo.

Pues resulta, basándonos en un análisis heráldico y varios meses de búsquedas en archivos y viejos documentos, que este enigmático blasón es casi idéntico, en su simbología y organización (dada las variaciones que existían entre el diseño de blasones del momento), al escudo personal de Juan Francisco Güemes y Horcasitas, según aparece en el cuadro del pintor mexicano Miguel Mateo Maldonado Cabrera (1695-1768); pintor mestizo quien le realizó varios retratos durante su posición como Virrey de Nueva España. 

 Juan Francisco Güemes y Horcasitas.
Óleo sobre tela de 95 x 75 cm,
 realizado entre 1746-1755 por Miguel Mateo Maldonado y Cabrera.
Colección del Museo Nacional de Historia,
Castillo de Chapultepec (CONOCULTA-INAH).

El blasón que aparece en la esquina superior izquierda del retrato muestra un escudo de estilo francés, acuartelado, con timbre adornado de corona de marques. El primer cuartel contiene a los reyes de España, ambos coronados en tierra, con fondo o campo azur. El segundo cuartel contiene dos cabras sables, de manchas blancas, recostadas a un árbol de manzano o encino de sinople enterrado de color natural, con frutos y campo dorado. El tercer cuartel contiene un fruto de granada en campo blanco, símbolo que representa al reino de Granada adquirido en 1492. Basado en ello, queda claro que el escudo perdido del San Severino fue de Güemes.

Comparese el blasón de la izquierda (A) del Castillo de San Severino con los dos de Güemes en centro y derecha. 



¿Cuándo se instaló?


Un primer rango cronológico para su instalación en la fortaleza se puede inferir a partir de la gobernación del Capitán General Francisco Güemes, que sucedió entre 1734 y 1746. Según la historia constructiva del Castillo de San Severino, sabemos que la Plataforma de San Juan se concluyó e inauguró bajo los esfuerzos de la misma gobernación. La colocación del blasón debió ocurrir en algún momento entre la finalización e inauguración de la Plataforma de San Juan, que el mismo Güemes anuncia en 1736. 

En el mismo muro donde se encontraba el blasón, pero más cerca de la entrada a la plataforma, se encontraba la tarja fundacional, hoy también desaparecida. Allí se conserva un espacio rectangular socavado, a ~ 3 metros de altura. Pedro Antonio Alfonso menciona la tarja como una “inscripción que se halla a la entrada del fuerte y paraje de donde arranca la indicada plataforma”. José Mauricio Quintero, a finales del siglo XIX, alude a “la inscripción que se halla a la entrada del fuerte” sin mayor detalle. Es a partir de Alfonso que se difunde el contenido de la tarja, y quien transcribe la inscripción por vez primera. Según Alfonso, esta leía:

Reinando la majestad Católica del Rey Don Carlos de España, siendo Gobernador y Capitán General de la Isla de Cuba el Mariscal de Campo don Juan Francisco Güemes y Horcasitas, construyo este castillo don Ignacio Rodríguez, y por don Antonio de Arcedo se hizo esta plataforma” 

Hasta ahora se había considerado la fecha de 1734 para la colocación de la tarja. Sin embargo, este año no parece ser acertado, ya que es justo en 1734 cuando Antonio Arredondo, el ingeniero militar encargado de terminar el San Severino, hace la primera inspección de las obras constructivas en la fortaleza, bajo las órdenes del gobernador Güemes. En este año Arredondo confecciona el plano del Castillo de San Severino donde se demuestra la Plataforma de San Juan y el camino cubierto todavía como proyecto, lo que indica que en esta fecha la misma no se había terminado o incluso iniciada su construcción. Güemes en carta fechada 18 de febrero de 1735 “prometía que las fortificaciones exteriores estarían acabadas en el plazo de seis meses” y un año más tarde indica en carta de 27 de febrero que la plataforma estaba totalmente terminada.

Por otra parte, la tarja perdida no da fechas exactas y contenía elementos algo contradictorios. Por ejemplo, esta nombra al rey católico “don Carlos” como regente (“reinando”), menciona a un tal “Antonio Arcedo” e indica a Ignacio Rodríguez como constructor en vez de comandante. La información de la tarja pudo haber sido una simbólica quimera. El rey Carlos, al cual se refería la tarja, es posiblemente Carlos II (1665-1700), bajo cuyo reinado se inició la construcción del Castillo de San Severino. Igualmente, Antonio Arcedo parece ser una abreviación, error de inscripción o corrupción de Antonio de Arredondo, quien nombró y concluyó la plataforma. El hecho de que Ignacio Rodríguez se identifique en la tarja nos permite un rango cronológico aún más restringido. Entre 1737 y 1743, Ignacio Rodríguez ejerce como comandante de la fortaleza, lo que implicaría que tanto la tarja como el blasón daten de este período.

Bandera coronela del regimiento de pardos de Matanzas, 1760
portando las armas de Carlos III. 

Aparentemente, esta sección de la fortaleza no fue afectada por la voladura que le causara el comandante Felipe García de Solís en agosto de 1762, después de la toma de La Habana por los ingleses, y por ende sobrevivió los períodos de abandono y reconstrucción, entre 1762 y 1772. Tanto la tarja como el escudo parecen haber perdurado hasta por lo menos la segunda década del siglo XX, ya que se hace referencia a ambos en el Magazine de La Lucha, lo que sugiere que se extravió en algún momento posterior a 1926, año de esa publicación.


¿Dónde se encontraba ese escudo?


Tomando como referencia la fotografía publicada en el Magazine de La Lucha, se trató de encontrar su ubicación en el Castillo de San Severino. Un espacio vacante en el muro al fondo del camino cubierto, antes de llegar a la puerta que da acceso a la Plataforma de San Juan, se señaló como posible lugar original del escudo perdido. La comparación de la fotografía histórica con el muro a partir de la distribución de los sillares alrededor del vano encontrado confirmó la correlación de este con este espacio. Durante la comparación, en primera instancia no coincidía la distribución de los sillares y sus juntas. Sin embargo, al girar la fotografía histórica, todos los atributos coincidieron perfectamente. Ello demostró que la fotografía fue publicada al revés -con la base del escudo hacia arriba- en el Magazine de La Lucha, dificultando además la interpretación de los atributos del blasón.

Vista de la entrada de acceso a la Plataforma de San Juan desde el camino aspillerado 
donde se pueden apreciar los espacios vacantes 
donde estuvieron la lápida inaugural y 
el blasón del gobernador Güemes en el Castillo de San Severino.

El portar dos blasones, ninguno referentes directamente a la Corona española, hace del Castillo de San Severino un peculiar ejemplo. La norma era colocar las armas de Su Majestad sobre puertas principales, no en lugares apartados del inmueble, por lo que la posición del blasón en la plataforma también es inusual a pesar de no estar asociado a ningún rey. Su visibilidad era importante ya que dicho blasón representaba una intención política en la que la Corona anunciaba su dominio sobre el edificio militar, territorios o súbditos. Esta interesante peculiaridad contribuye a una mayor relevancia del Castillo de San Severino, tanto en el ámbito local como en el mundo hispano.

Cita recomendada (o para mas información)


Orihuela, J., Hernandez de Lara, O., Viera Muñoz, R. A., y Rodríguez Tápanes, B. (2020). El blasón desaparecido del Castillo de San Severino: Identificación e Historia. Revista Matanzas.


miércoles, 1 de enero de 2020

Los murciélagos de Matanzas

La provincia de Matanzas se reconoce por sus primicias históricas, las arenas de la playa de Varadero, las aguas color turquesa de la bahía, la Cienaga de Zapata o las Cuevas de Bellamar; pero Matanzas no es reconocida por sus murciélagos, y debería. Veintiséis especies – que representan las seis familias de quirópteros registradas en la isla - convierte a la región de Matanzas en uno de los focos más importantes del archipiélago para la conservación de este importante integrante de nuestra fauna.

Murciélago frutero Artibeus jamaicensis junto a las pictografías aborígenes
de la Cueva de Ambrosio, Varadero. Importante polinizador y distribuidor de semillas.

Los murciélagos son un grupo diverso y peculiar del reino animal. Es el único mamífero capaz de volar gracias a sus dedos y patas unidas por sedosas membranas – en algunos casos velludas. Los murciélagos que habitan Cuba y el Nuevo Mundo son del grupo de los micro quirópteros o micro murciélagos; un grupo de murciélago pequeños que se especializan en el uso de ecolocalización – una forma sofisticada de sonar - ecos que utilizan para volar y capturar presas en el vuelo, tal y como más o menos usan los delfines y los submarinos. Existen murciélagos que comen frutas, polen, semillas, otros vertebrados y hasta sangre, pero la mayoría son insectívoros.


En uno de nuestros últimos trabajos investigativos, publicado por la revista científica Novitates Caribaea, presentamos un novedoso catalogo de localidades de colecta de murciélagos de la provincia de Matanzas, en adición a otras localidades puntuales de nuestro archipiélago. Entre los nuevos aportes hay una cuarentena de nuevas localidades, y múltiples nuevos reportes o registros de especies raras, localmente extinguidas – conocidas únicamente por restos fósiles – y otras, importantes integrantes de la quiropterofauna local. Para ello fue necesario una recopilación de datos que se extienden desde el siglo XIX hasta nuestros días, construido sobre el pilar que es la obra magistral de murcielaguero mas reconocido de Cuba, Los Murciélagos de Cuba del Dr. Gilberto Silva Taboada.

Aquí dejamos el resumen del articulo:

“Se hace una actualización del registro de murciélagos para la provincia de Matanzas, Isla de Pinos y zona central de Cuba, basada en reportes paleontológicos y neontológicos de un total de 97 localidades de colecta. Para la provincia de Matanzas reportamos 27 especies - de las 34 registradas entre extinguidas y vivientes, representando un 79 % de la quiropterofauna conocida y más del 84 % de las especies vivientes del archipiélago cubano. Las especies en alto riesgo de extinción Antrozous koopmani y Natalus primus, aunque localmente extintas en la provincia - como en la gran mayoría de la isla - presentaron un registro fósil que sugiere una mayor distribución que perduró hasta el Holoceno tardío (postcolombino). Las especies extinguidas endémicas Artibeus anthonyi y Phyllops vetus se reportan oficialmente por vez primera para Matanzas. Además, se actualizan y expanden los registros de Phyllops falcatus, Lasiururs pfeifferi, Lasiurus insularis, Chilonatalus macer y Eumops ferox. Las nuevas localidades y registros hacen de la región de Matanzas la segunda provincia de mayor diversidad e importancia quiropterologica del archipiélago cubano, distinguiéndose como un área de considerable potencial para la conservación de los murciélagos de Cuba.” 

Monophyllus redmani: murciélago común en la región que se alimenta de polen y néctar: importante polinizador.

La elevada diversidad de murciélagos en nuestra provincia se debe a que el archipiélago cubano no posee grandes barreras geográficas o geo-ecológicas, como lo pueden ser vastos desiertos y cadenas montañosas muy elevadas. Al contrario, nuestra isla se caracteriza por terrenos bajos que raramente sobrepasan los 400 metros de elevación, con cadenas montañosas orientadas de este a oeste, paralelas al eje direccional de la isla. Aunque existen sierras elevadas, estas no sobrepasan los 2000 metros (el Pico Turquino en la Sierra Maestra se eleva a solo 1974 metros; compárese con los 3098 m del Pico Duarte, en La Española) y las zonas desérticas son pequeñas y restringidas localmente. Estos factores permiten una distribución geográfica homogénea de mamíferos terrestres – incluidos los volantes murciélagos – a través de todas nuestras provincias. 

Macrotus waterhouseii en vuelo. Este es un murciélago insectívoro grande y orejudo,
que puede consumir un ¡tercio de su peso corporal en insectos en solo una noche!

A pesar de ello, la región de Matanzas ha jugado un papel principal en el estudio de los murciélagos de la isla. Desde el siglo XIX, fue en esta región se descubrieron, describieron y nombraron varios de los murciélagos mas conocidos de Cuba y de las Antillas. Entre ellos están Pteronotus parnellii, Pteronotus quadridens, Phyllonycteris poeyi y Tadaria brasiliensis (varicion musucula). Hazaña
y uno de los grandes aportes de naturalista alemán Johannes Gundlach, quien residió en varias partes de Matanzas, donde condujo sus colectas e investigaciones. Hoy, ese impulso investigativo lo conducen grupos de aficionados e investigadores de la Sociedad Espeleológica de Cuba y el Proyecto CUBABAT bajo la dirección de especialistas y de la población involucrada.

La información que estas investigaciones recogen ayudan a entender mejor a los murciélagos. Estos pequeños mamíferos voladores son esenciales para el balance ecológico natural, no solo de nuestro archipiélago. Con su consumo de insectos dañinos para la agricultura y la salud, dispersión de semillas y producción de guano fertilizante, los murciélagos comprenden un útil y beneficioso componente de nuestra fauna.



Cita recomendada:

Orihuela, J., L. W. Viñola López, & R. A. Viera Muñoz (2020). New bat locality records from cuba with emphasis on the Province of Matanzas (Nuevas localidades y registros de murciélagos para Cuba, con énfasis en la provincia de Matanzas). Novitates Caribaea 15: 96-116.


jueves, 12 de diciembre de 2019

Los planos fundacionales de San Carlos de Matanzas

El origen y autoría del - o los - planos preparados y utilizados durante la fundación de la ciudad de Matanzas en octubre de 1693 son el tema que abordaremos hoy. Para ello nos basamos en extractos de un artículo recientemente publicado en el número 389 de Librínsula, la revista digital de la Biblioteca Nacional de Cuba “José Martí”. Para ver el articulo completo y más información véase enlace aquí.

Fig. 1 Copia del plano fundacional de Matanzas,
realizado por Sotolongo en 1795

" - La ciudad de San Carlos de Matanzas es considerada la primera urbe moderna de Cuba por haberse basado en un planeamiento detallado que contó con un plano prefundacional inalterado y una distribución de terrenos que – siguiendo las Leyes de Indias - fueron rifados a los futuros vecinos, cuyo acto se realizó entonces por primera vez para la historia urbanística nacional. A pesar del aumento demográfico y urbanístico experimentado en la ciudad por más de tres siglos, esta ha preservado casi intacto su trazado original. Este trazado fue plasmado en un plano prefundacional, cuya autoría fue inicialmente atribuida al multifacético escribano Juan Uribe Ozeta quien, junto al ingeniero militar Juan de Herrera y Sotomayor, y bajo orden directa del gobernador Severino de Manzaneda, estuvieron encargados del desmonte y delineación de la ciudad y el Castillo de San Severino, respectivamente desde enero de 1693.

En 1940, el erudito historiador José A. Treserra redescubrió una copia del plano fundacional de Matanzas (fig. 1), cual restauró y dio a conocer a la prensa (fig. 2). 

Fig. 2 Copia apócrifa del plano fundacional realizada por Treserra,
añadiéndole el mítico riachuelo Sabicú.

Después de Treserra, varios investigadores han discutido la relevancia de este importante plano, en cuanto a la distribución de los solares, peculiar organización de su cuadrícula y su autoría. Siendo este el que siempre se ilustró en los trabajos historiográficos. No obstante, un análisis generalizado del mismo, con el apoyo de documentos primarios – algunos inéditos – revela discrepancias que nos proporcionan hoy una visión diferente a aquella prestada por la historiografía.

El plano de Treserra es una copia certificada por el escribano público Juan Valdés y Sotolongo en papel sellado y fechado como mismo ratifica el documento:

Certifico: que el mapa de la vuelta es el mismo que se hallaba original en el Libro de fundación de esta ciudad y en su lugar, quedo copia de su original a que me rremito y en cumplimiento de lo prevenido pongo la presente en esta ciudad de Matanzas en nueve de mayo de setecientos noventa y cinco años” [sic]. 

Fig. 3 Detalle de las copias.

Aquí Sotolongo se refiere a una copia – con fecha del 9 de mayo de 1795 – que reemplazaba a un original realizado el 13 de octubre de 1693, como sugiere el encabezamiento de dicha copia: “Planta de la fundación de la ciudad de Matanza 13 de octubre de 1693 martes” (fig. 3). Curiosamente, algunos historiadores han citado esta certificación y plano con la fecha de 9 de mayo de 1695 y no 1795. También intercambiándose la fecha del 13 de octubre del supuesto original por la del 18 de octubre. La copia de Sotolongo estaba realizada sobre la base de un plano quizás utilizado en los actos fundacionales, y la copia de Treserra fue una versión modificada de este.

¿Entonces de que fecha es el supuesto plano fundacional?

El encabezamiento de la copia de Sotolongo de 1795 claramente indica la fecha de 13 de octubre de 1693. Es muy posible, especialmente si la reproducción es de baja calidad, que se confundiesen el 13 por el 18, y de ahí surgiera el error repetido. La versión que Treserra publicó, a pesar de estar levemente alterada, incluyó la fecha aparentemente correcta del 13 de octubre. Cualquier plano original utilizado al momento de la fundación debe, idealmente, haber existido antes de la organización de los solares y su rifa, o sea antes del 22 de octubre de 1693.

Al parecer, existieron múltiples planos diseñados para la organización de los solares y la extensión del terreno. Algunos realizados desde las primeras mediciones del sitio varios meses antes y otros durante la organización dotada durante el mes de octubre de 1693. Hay insinuaciones en varios documentos de un plano realizado antes del 12 de octubre – un plano prefundacional.

La primera insinuacion aparece en una carta fechada en enero de 1694, donde Manzaneda da cuenta a la Corona por primera vez de haber fundado la ciudad. Se menciona “…el repartimiento de solares, tierras y jurisdicción para la formación de la población…”, indicando que “habiendo llegado a principios de octubre y hecho el mapa del terreno donde V. M. tiene mandado se haga la población…” [sic]. En esta misiva, el gobernador interino se refiere a un documento cartográfico realizado el 9 de octubre o poco después, dado que él llegó a la ciudad el 8 de octubre. Esto queda apoyado en una diligencia firmada por Ozeta en Matanzas el viernes 9 de octubre de 1693 que dice: “tendiendo en acabar de hacer el mapa según las medidas que se hicieron en el territorio…”. Conjuntamente refiriéndose a que el plano había nacido de las medidas realizadas sobre el terreno entre enero y septiembre de 1693, revelando que aún para el 9 de octubre de 1693 entonces no estaba completada dicha planta.

Una segunda alusión se encuentra en las Actas Capitulares de Matanzas y documentos del Archivo Nacional de Cuba donde hacen referencia a un plano utilizado el 10 de octubre de 1693 “…en conformidad del mapa que está hecho de esta dicha ciudad…” [sic]; información que fue tomada de un auto firmado por Uribe Ozeta el miércoles 14 de octubre de 1693. Es posible que estas alusiones se refieran al mismo plano, o sea uno realizado entre el 9 y el 10 de octubre.

¿Fueron estos planos realizados por Herrera u Ozeta como insinúan estos documentos?

Antiguamente, la autoría de plano fundacional de octubre 1693 fue atribuida al escribano agrimensor Juan Uribe Ozeta. Esto es hoy considerado como un error historiográfico, actualmente atribuyéndose como autor de este al ingeniero militar Juan Herrera de Sotomayor. No obstante, las investigaciones resultan contradictorias. Castillo indica a Uribe Ozeta como el autor de por lo menos uno de esos planos. El mismo Ozeta se indica como autor en las Actas Capitulares de Matanzas y autos de fundación cuando recoge el sábado 10 de octubre de 1693 que: “a este sitio de la nueba población, e yo el infrascrito escribano [Ozeta], hecho el mapa de ella en presencia de su señoría y demás personas…” [sic]. Copias de las diligencias firmadas en Matanzas por Ozeta y remitidas al rey recogen la misma información. Otras plantas de la ciudad y fortaleza fueron adjuntas en cartas al rey y la Junta: “copia de los autos que remito en esta ocasión y la planta de la nueba ciudad y población…” [sic], como indica Manzaneda en una instancia.

Esto apoya la hipotesis de varios planos, de diferentes autorías: uno de Ozeta y uno de Herrera. Algunos que datan a antes del 12 de octubre y otros que datan a momentos posteriores, quizás incluyendo algunos realizados por ambos personajes. Esto tiene sentido y es lo más ejerzo dada las practicas del momento. Debieron existir copias y originales, no solo para remitir a los archivos de la gubernatura en La Habana, sino como vimos en las cartas de Manzaneda, también a la Junta de Guerra y la Corona. Por otra parte, tener un solo plano para trabajar sobre el terreno no sería práctico, dado que con la continua utilización requerida para seguir “…delineando cuadras y señalando solares…” [sic] durante la organización de la población, un solo plano se hubiera deteriorado rápidamente. Herrera estuvo desde el principio involucrado en la preparación y medición del terreno que ocuparía la ciudadela, pero al comenzarse las labores del Castillo de San Severino desde mayo de 1693, estaría ocupado dirigiendo aquellas operaciones, aunque continuaría realizando plantas de la bahía y el castillo, como él mismo indica en la documentación del momento (fig. 4). Sobre Ozeta recayó entonces la delimitación y organización de los lotes y la rifa de solares y caballerías de tierras, en la cual se empleó o se emplearon planos. No sería sorprendente que Ozeta realizara una versión propia, quizás basado en un plano maestro de Herrera, para la organización de la ciudad y las familias isleñas instaladas allí. 

Fig. 4 plano de Juan de Herrera, 1696. Archivo Gen. Geog. de Madrid. 

La existencia de varios planos queda sugerida también en las variaciones de los planos sobrevivientes y sus copias. Estos presentan discrepancias, algunas posiblemente reales y otras introducidas por los copiadores, como fue el caso del plano de Treserra. A esta copia pos fundacional, Treserra le añadió el arroyo del Sabicú, lo cual resulta interpretativo y problemático ya que esta característica físico-geográfica no aparece indicada en ninguno de los planos o copias anteriores o descripciones del entorno hechas en aquellos tiempos. Entre estos este un plano existente en el Archivo Nacional de Cuba que aparece ilustrado en Escalona y Hernández (2008), también copia del siglo XVIII de un original quizás confeccionado en octubre de 1693. Este tampoco indica al elusivo y enigmático riachuelo (fig. 5). Es interesante que en un plano de Herrera, recientemente dado a conocer, aparece señalado con tinta disimilar lo que pudiera interpretarse como el mítico riachuelo o los límites de la ciudad en 1696, como queda indicado con la inscripción “El lugar” (fig. 4). Creemos que se refiere al segundo caso. Ninguno de los mapas y planos anteriores o posteriores a la fundacion indican la presencia del Sabicú.

Fig. 5 Copia del plano fundacional de Matanzas,
realizado en 1791 por José Antonio Caballero.

El archivo histórico provincial de Matanzas (AHPM) preserva otras dos copias. Uno de estos es la copia de Sotolongo fechada como vimos en mayo de 1795, el cual fue recientemente redescubierto en la cubierta del primer libro de las Actas Capitulares de Matanzas (fig. 1), y del cual Treserra hizo una reproducción fotoestática, añadiéndole - apócrifamente - el arroyo del Sabicú (fig. 2). El otro, es una copia del plano de Sotolongo realizada por José Llovet de Armas, y se encuentra en un acta capitular de 1818. Tanto el plano del Archivo Nacional como estas dos copias en Matanzas no incluyen dicho riachuelo. 

Los planos pre y fundacionales de Matanzas fueron un instrumento indispensable en su planificación y desarrollo urbanístico, cuya disposición ha sobrevivido por más de tres siglos. El trazado ideado por Síscara y decisivamente plasmados luego en el terreno por Ozeta y Herrera, resultan hoy una de las legacías más importantes de sus labores en Cuba. Un trazado que por su sensible diseño se ajustó inteligentemente a las disposiciones geográficas y geológicas endémicas del sitio – lo que dio origen a las peculiares características que califican a San Carlos de Matanzas como una de las ciudades más bellas, modernas e interesantes de Hispanoamérica. - "




Bibliografía

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