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lunes, 1 de junio de 2020

La búsqueda del mítico Yucayo a través de la arqueología matancera

Memorias de la Ciudad, publicación mensual de la Filial de Cárdenas y la Oficina del Conservador de Matanzas, nos acaba de publicar en su más reciente número (junio 2020, no. 24), un breve resumen de unos de los capítulos que integran nuestra nueva obra “Matanza de Yucayo: Historia y Mito”. Nuestros análisis – después de casi una década de intensa investigación - estarán muy pronto disponibles a través de la editorial Aspha (Buenos Aires, Argentina: ISBN-9789873851278).

En ella, se presenta un minucioso análisis y evaluación de fuentes documentales que recogen la famosa “matanza de Yucayo”, que supuestamente tuvo lugar en una bahía llamada “Guanima”; siendo este uno de los presuntos hechos más singulares ocurridos entre indocubanos e hispanos antes de la conquista de Cuba, comenzada en 1511 y, considerado por algunos, como el primer indicio de rebeldía aborigen contra las huestes conquistadoras.

Según cuenta la tradición, náufragos españoles fueron asesinados por los nativos de un poblado nombrado “Yucayo” y que a razón de esa “matanza”, quedó establecido el nombre de la región que hoy comprende la provincia, municipio y bahía de Matanzas. Sin embargo, con los documentos que se cuentan hasta el momento no se puede asegurar científicamente la ocurrencia de los eventos en la zona, ni siquiera el nombre de la aldea o la correspondencia de “Guanima” con la bahía de Matanzas, a pesar de estar cartográficamente asociadas desde la segunda década del siglo XVI.  Luego, en el siglo XIX, varios historiadores establecieron estas suposiciones con cuestionable o muy poca evidencia documental.

La “matanza de Yucayo” constituye ciertamente un acontecimiento histórico controvertido. Ya desde el siglo XIX se consideraba por algunos investigadores como escasamente verídico. Otros la defienden hoy a capa y espada. Nosotros proponemos que, de ambas maneras, el relato contiene matices de eventos históricos que pueden ser verificables. No obstante, después de una larga argumentación, nuestras conclusiones implican un reajuste importante en varios aspectos de esta historia local, la que por casi doscientos años se ha venido repitiendo de manera irrefutada y alcanzando tonos profundamente cimentados en la identidad de los matanceros.

Uno de estos ha sido, ya desde el siglo XIX, la sobreimposición del “Yucayo” en la ciudad de Matanzas. ¿Pero qué evidencia arqueológica existe que refute o reafirme esta hipótesis? Esa ha sido la pregunta básica que analizamos en el Capítulo 6 de nuestro próximo libro, presentado hoy, brevemente, en las Memorias de la Ciudad.

Espero que lo disfruten e inciten la curiosidad por una de nuestras más antiguas historias, considerada  por algunos como leyenda.

Está disponible a descargar con mayor resolución aquí.



Esta está disponible a descara con mayor resolución aquí.


sábado, 31 de agosto de 2019

La lápida perdida del desaparecido Fuerte de la Vigía

La demolición del antiguo fuerte de San José de la Vigía fue llevada a cabo por esclavos del Imperio Celeste desde comienzos de agosto de 1862; desapareciendo para siempre del paisaje urbano una fortificación centenaria y su lápida inaugural.

Para los interesados del pasado matancero y sus curiosidades, la revista digital de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, Librínsula, en su último número, ha publicado una nota sobre la desaparecida placa inaugural. Aquí compartimos algunos pasajes que nos permiten rescatar un elemento interesante de nuestra historia local.

Batería de San José de la Vigía (s/d). Grabado procedente de Lapique (2002; véase Ruiz, 2003)

El fuerte de San José de la Vigía fue la única fortificación del llamado “primer cinturón defensivo” de la bahía de Matanzas que se ubicó directamente dentro de la urbe entre 1752 y agosto de 1862, cuando fue demolida en respuesta a otros proyectos de expansión militar y urbana. Cuentan los documentos históricos que esta portó en su entrada una tarja inaugural fechada en 1748, la cual, para el momento de demolición, se encontraba en avanzado estado de deterioro. Una nota de la prensa local, La Aurora de Matanzas, señalaba que “A la entrada de dicho fuerte se veía aun ayer [11 de agosto de 1862] una lápida pequeña que se decía, que ya han desaparecido muchas palabras…” [sic].

De ella se conocía su contendido, aunque limitado, gracias a la transcripción realizada por curiosos e historiadores del momento como Pedro A. Alfonso y José M. Quintero. Sin embargo, un registro grafico que aportara una visual de su apariencia física más allá de su mensaje, era hasta ahora desconocido. Recientemente, el conservador de la ciudad de Matanzas, el señor Leonel Pérez Orozco, trajo a nuestra atención la existencia de tal registro gráfico; interesantemente del puño y letra de uno de los hijos más ilustres de Matanzas: don Francisco Jimeno.

Registro grafico realizado por Francisco Jimeno de la tarja inaugural de la batería San José de la Vigía
(Cortesía del Leonel Pérez Orozco, Conservador de la Ciudad de Matanzas).

Jimeno probablemente adquirió la lápida justo después de la demolición del fuerte en el verano de 1862. Para entonces la tarja leía:

Reinando la majestad católica el señor Don Fernando VI, y gobernador Don Francisco Caxigal, maestre de Campo de esta isla, hizo este baluarte Don Felipe del Castillo, capitán de milicias, en 1748” 

Para 1877, Jimeno había donado tres importantes piezas lapidarias al Ayuntamiento de la ciudad de Matanzas en un esfuerzo de establecer un museo arqueológico en la ciudad, que conjuntamente auspiciara la formación de una institución dirigida a la conservación del patrimonio, como los monumentos o edificios históricos, sus escudos, tarjas y lápidas. Esta generosa donación fue recogida en las Actas del Ayuntamiento de la ciudad el 3 de agosto de 1877.

Fotograbado de Don Francisco Jimeno.

"Aparentemente, estos tres artefactos aún se preservaban en las arcas del Ayuntamiento, apareciendo una breve mención en el Catálogo Oficial de la Exposición de Matanzas de 1881. Hoy en día, de las tres piezas se preserva únicamente el blasón de Amoedo en el Museo Provincial Palacio de Junco. La lápida del viejo puente de San Luis y la del fuerte de la Vigía están desaparecidas.

Por más de un siglo, los interesados por el rescate de este tipo de patrimonio tangible, desconocíamos del aspecto físico de la lápida perdida del Fuerte de la Vigía. Hoy, con este esbozo y sus anotaciones, podemos rescatar para la memoria histórica una visualización de este importante artefacto hoy desaparecido y lejos del alcance del estudio directo. El vínculo que tuvo este objeto y su relación histórica con Francisco Jimeno lo hace aún más valioso y simbólico por ser una de las primeras piezas que ostentaron el nacimiento de la museología cubana, y en especial, la matancera".



Agradecimientos


Extendemos nuestro agradecimiento al Conservador de la Ciudad de Matanzas, Leonel Pérez Orozco, por mostrarnos la existencia de este fragmento de historia rescatada desde el siglo XIX, pero desconocida para muchos; por su amistad, apoyo y guía.


Bibliografía


Alfonso, P. A. (1854). Memorias de un matancero. Apuntes para la historia de la Isla de Cuba, con relación a la ciudad de San Carlos y San Severino de Matanzas. Matanzas: Imprenta de Marsal y Ca.

Cotarelo, R. (1993). Matanzas en su arquitectura. La Habana: Editorial Letras Cubanas.

García Santana, A., (2009). Matanzas. La Atenas de Cuba. Guatemala: Ediciones Polymita. Con fotografías de Larramendi, J.

Hernández Godoy, S. (2006). San José de La Vigía: historia de una fortaleza. 1861. Revista de Espeleología Y Arqueología, 7(1), 30–36.

Lapique Becali, Z. (2002). La memoria en las piedras. La Habana: Ediciones Boloña.

Orihuela, J., & Viera Muñoz, R. (2016). Estereovistas de San José de la Vigía: aportes históricos y perspectivas arqueológicas (Matanzas, Cuba). Cuba Arqueológica. Revista Digital de Arqueología de Cuba Y El Caribe, IX (1), 45–53.

Orihuela, J., Hernández de Lara, O., & Viera Muñoz, R. (2018). Órdenes reales y prácticas locales: el Castillo de San Severino de Matanzas y la dinámica colonial (1683-1698). Islas, 60(191), 39–68.

Orihuela, J., Hernández de Lara, O., Viera Muñoz, R. A., & Rodríguez Tápanes, B. (2019). Capítulo 3: Batería de San José de la Vigía (1745-1862), págs. 75-96 en (Hernández de Lara, O., & Orihuela, J. (eds) Fortificaciones de Matanzas 1693-1876. Aspha, Buenos Aires.

Pérez Orozco, L., Santana Barani, C., & Viera Muñoz, R. (2010). Evolución histórico-arqueológica del cinturón defensivo de la ciudad de Matanzas de 1693 a 1898. Castillos de España, 160, 65–79.

Pérez Orozco, L., González Arestuche, L. R., Orihuela León, J., & Viera Muñoz, R. A. (2017). Matanzas en el Visor del Tiempo. Ediciones Boloña, La Habana.

Quintero, J. M. (1878). Apuntes para la historia de la Isla de Cuba en relación a la ciudad de Matanzas desde el año 1693 al de 1877. Matanzas: Imprenta El ferrocarril.

Ruiz, R. (2003). Noticia histórica sobre la imagen del fuerte de San José de La Vigía. Matanzas. Revista Artística Y Literaria, 4(2), 56.


miércoles, 7 de marzo de 2018

Leal, Hijo Adoptivo de la Ciudad de Matanzas

El insigne historiador de la Ciudad de La Habana, Eusebio Leal Spengler, fue ayer declarado hijo adoptivo de nuestra ciudad de San Carlos de Matanzas. Al historiador fue otorgado una réplica del escudo o blasón de la ciudad de Matanzas, confeccionado en plata y montado en un armazón de madera con letras de oro, gesto de inmenso agradecimiento de la Oficina del Conservador de la Ciudad y su director Leonel Pérez Orozco. Este momento marcó un hito en nuestra historia local por ser la primera vez que se otorga esta condecoración en nuestra historia.

Escudo de la ciudad de San Carlos de Matanzas, (izquierda), Magazine La Lucha (1926). Escudo republicano (derecha),
Treserra (1941). 

El evento tomo lugar en la recién restaurada Sala White, frente al Parque de la Libertad, en compañía de una comitiva de ciudadanos y representantes estatales, municipales y de las Oficinas del Conservador e Historiador de la ciudad, quienes propiciaron dicho acto. El historiador capitalino, Dr. Leal, quedó muy satisfecho ante tan digno evento, quien con sus elocuentes palabras se consideró “el mascarón de proa de un galeón artillado” para el orgullo de todos. 



Momento en que el conservador Leonel Pérez Orozco coloca la condecoración al Dr. Eusebio Leal.
Inferior: Dr. Eusebio Leal mostrando el galardón. (Cortesia de Habana Radio).
El conservador de la ciudad, Leonel Pérez Orozco pronunció palabras de honor, elogio e interminable agradecimiento por lo que Leal ha representado para Matanzas, la capital y el resto de la isla, en cuanto a la protección de su patrimonio y devenir histórico. Según el Dr. Ercilio Vento Canosa, Historiador de la Ciudad, “hacía muchos años que no se escuchaba en Matanzas, desde la época de Medardo Vitier un verbo tan cálido y genial como el que hoy” Orozco regaló a Leal. El director de la Casa de la Memoria Escénica, el dramaturgo Ulises Rodríguez Febles, adicionó que “fue un discurso desde la pasión y la poesía; una oratoria digna para la Atenas de Cuba…”


El Dr. Eusebio Leal Spengler (izquierda en gris) y 
Leonel Pérez Orozco, Conservador de la Ciudad de Matanzas (de traje en la extrema derecha). 

A continuación, compartimos las memorables palabras de elogio al Dr. Leal, enunciadas por el conservador Leonel Pérez Orozco, quien tituló la oratoria

EL   SECRETO   DE   LAS   MANOS   INQUIETAS

Hoy, el estudio intrínseco de la historia y el patrimonio de nuestra patria, y de cada rincón de la misma, es el germen fecundo de los progresos inmensos de nuestra civilización y el más hermoso galardón que puede ostentar una nación a sus futuras generaciones, porque en este estudio esta para siempre la conservación de nuestras raíces y la certera brújula de nuestro futuro.
Pocos en Cuba, han imaginado el destino del patrimonio cubano, con tan grande ambición y tan vehemente esperanza como Eusebio Leal Spengler. Es por eso que podemos afirmar que, durante la presente generación, no se ha llevado a cabo otra empresa patrimonial de tal magnitud en Cuba, que, además, abarque los más diversos lugares de nuestra isla donde siempre ha estado su mano, su acertado juicio, o su apoyo espiritual.

Han trascurrido muchos lustros desde la fecha en que un joven loco, cargaba de un lugar a otro en carretilla o a mano, los más diversos objetos que alguien le regalaba u otros botaban sin saber que, en esa acción, despojaban a la patria de un ropaje que, al faltar, no nos dejaba ver un futuro coherente.
Dos grandes hombres he conocido en mi vida y ambos han dejado en mí la profunda impresión del orgullo, y porque no, la noble vanidad de sentirme privilegiado. Eusebio, el primer recuerdo que guardo de Eusebio Leal, - y, perdonen está casi necesaria evocación personal- era yo un joven que escuchaba en un viejo radio Olimpo de caja de madera junto a mi noble madre, las noticias de la noche, cuando aquel nombre irrumpió en la sala de mi casa… era algo que tenía que ver con la inauguración de un nuevo espacio en la capital, y por la magia de la radio, allí, en mi sala, Eusebio nos habló con su verbo sabio y preciso. Al final, ella me dijo “…ese hombre es un ejemplo a seguir, tienes que estudiar mucho para ser como el algún día...”. Fue a partir de ese momento, que seguí los logros que iba teniendo el historiador de la Habana que día a día transformaba la faz cansada de la noble capital de todos los cubanos, en una hermosa y fresca ciudad, los seguí de muy cerca y lo empecé a ver como un faro que tendríamos que alcanzar, hoy pienso, mirando al mozalbete que era en aquellos tiempos. ¿Quién te iba a decir que un día estarías frente a él, con la gran responsabilidad de expresar el elogio que la Atenas de Cuba dedica a su obra y a su fructífera vida? Estas palabras pues, son el fruto de la admiración, el juicio del amigo, la reflexión del investigador y el profundo agradecimiento de un discípulo, al apostolado sabio y preciso de quien, como bien dice un común y querido amigo, “Eusebio Leal-El Patriarca”.

Los años han pasado, la imagen de aquel hombre ha crecido y se ha hecho gigante, …sin la sombra ignoraríamos el valor de la luz… hoy su luz a sorprendido a los miopes de futuro que lo catalogaron de loco, y al establecer comparaciones entre él y los miles de ciegos con que tropezó en su vida, es justo afirmar que, con nosotros esta hoy, el orgullo de ser cubanos, revolucionarios, martianos, e interiormente visionarios e idealistas porque, Eusebio al igual que José Ingenieros, nos ha demostrado que “… cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala hacia tales excelsitudes, irascible y afanoso de perfección y rebelde a la mediocridad, llevas en ti, el resorte misterioso de un ideal…” y es entonces cuando la realidad se forja más innegable y justa.

Eusebio resulta de la talla de los que han forjado, desde la intelectualidad ejecutiva y trabajadora, la nacionalidad cubana de hoy, con su proverbial austeridad, con su verbo siempre encendido y culto, con la pericia de un timonel que guía sus actos como nave segura por procelosos mares, ha logrado sus altos propósitos con la serenidad de quien sabe que, su fin martiano, es el de todos, y para el bien de todos.

Cuando en 1425 la Doncella de Orleans, Juana de Arcos confesaba oír voces de libertad y lucha, 550 años después el caballero de San Cristóbal,  Eusebio Leal, en plena faena de su vida, escucha dos sonidos en su mente que lo han mantenido despierto y seguro por siempre, uno que respondía a los gritos de dolor de un patrimonio olvidado y maltratado y el otro, que le hablaba de cielos azules y esperanzas futuras que en aquella época eran irrealizables, pero la profunda cultura de Leal y su fe inquebrantable en el futuro, lo proyecto hacia todos los ángulos del saber humano y el caudal de su sabiduría y dignidad intelectual  revolucionaria, su visión mesiánica y futurista, le hacía penetrar en los más ocultos rincones del saber humano extrayendo de ellos la sabia vital de hombres como Martí o Jaime Torres, ese profeta y hermano Mexicano del cual tomo sus ideas y las visto, con el ejemplo de Leal y que me permiten decir  hoy, …Hermanos, Eusebio Leal Spengler es el hombre que tiene valor y confianza ante el porvenir, sustentado en la grandeza de nuestro pasado, porque, Eusebio Leal nos enseñó que… “las civilizaciones pasan, pero en los hombres queda para siempre en la gloria de que otros hombres hallan luchado para erigirlas”.

Y cito a Fermín Peraza, cuando en su elogio al gran matancero Emilio Blanchet en 1946 decía, “…Las grandes síntesis solo son posibles cuando se ha hecho luz sobre los aspectos que constituyen su objetivo…”

La vida de Leal, orgullo de todos los cubanos, es, en síntesis, el dejar para el futuro el legado de nuestra historia que es hoy paradigma de todo el universo. El proyecto de Eusebio Leal al transformar  y rescatar el  patrimonio cubano, fue concebido en circunstancias extraordinarias, fue sin dudas un proyecto admirable de fe, que lo sostiene hasta hoy y lo hace irradiar su luz, salvando toda clase de obstáculos, venciendo todo género de contrariedades, dando sublime ejemplo de perseverancia y de convicción, escalando la inaccesible cima, del sacrificio de su vida y salud, transformando a su alrededor por el poder de su inteligencia y convencimiento ,el perfil, de toda una nación, por eso hoy, se me antoja decir glosando la máxima colombina, y con absoluta convicción.
Para Cuba y el orbe del Nuevo Mundo hallo Leal. Y, sin embargo, tan grande de nuestra patria, es el más modesto de todos, es el que ha instruido como regla de su vida, que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz, y en los más encumbrados sitios, en las lejanas tierras que lo han conocido, en los barrios de obreros simples, o en los salones imperiales que ha pisado, ha dicho, como en el soneto del infortunado Placido

“… Yo, Nada
En la sonante orilla del mar gritaba un loco,
Y más curiosos a él llegaban,
Los ve y sonríe…
Qué diablos es, La turba dice airada
Más él en tono grave les contesta
Nada señores,
Y lo he dicho, nada.
Y aquí amigos todos, Matanceros,
Cubanos,
Aquí, entre nosotros, para que todos los privilegiados presentes digan un día, sí, yo estuve allí,

 Está: el joven que logro lo que quería”.




sábado, 20 de mayo de 2017

"Sobrevolando Matanzas": por Laura Ruiz Montes

En este post publicamos una interesante vista de Matanzas de la intelectual matancera Laura Ruiz Montes, quien nos ha permitido reproducir este ensayo, originalmente destinado al primer número de la revista La Nueva Aurora. Con estas palabras le agradecemos esta oportunidad damos bienvenida a su ensayo.

En toda ciudad hay zonas altas y bajas –términos que, en este caso, nada tienen que ver con la topografía– y cada una de ellas suele excluir a la otra. No es necesario explicar qué y quiénes habitan en una u otra de las zonas, porque eso es un saber tácito. En cada ciudad del mundo hay una zona que tiene hambre: de alimento, de luz, de mar... Lo cierto es que alguna carencia siempre asoma mientras en la otra mitad (suponiendo que esté dividida en partes iguales) puede haber un excedente: de alimento, de luminosidad o de aridez. Lo cierto es que alguna sobreabundancia también siempre asoma.

Colleccion de los autores
Plano de la ciudad de Matanzas de J. J. Romero, 1837

Hay barrios perezosos y barrios laboriosos. Hay calles baratas y hermosas. Hay aceras lujosas y grotescas. Entramos y salimos, circulamos de una región a otra casi sin darnos cuenta. Somos los transeúntes quienes unimos ambas realidades. Pudiera parecer que es un trabajo diseñado para los puentes, canales, túneles, autobuses, trenes... pero en verdad somos los marchantes quienes enlazamos ambos territorios, con mejor o peor intención, con más apego o más desprecio, depende...

Lo cierto es que rara vez nos es dado estar en ambas franjas al unísono. Esto solo es posible dentro de algún pensamiento utópico o gracias a un especial instante creativo. Esta vez lo ha conseguido la revista La Nueva Aurora, recién nacida publicación de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Matanzas, continuadora de La Aurora de Matanzas, emblemático diario decimonónico catalogado por Carlos M. Trelles como “el príncipe de nuestros periódicos”. El nuevo número regala dos fortunas largamente esperadas. La primera es que Matanzas, la ciudad que cuenta más de trescientos años de vida, tiene ya, efectivamente, una Oficina del Conservador. La segunda es que dicha oficina funciona, que no solo está batallando por incorporarse a un afán de rescate de inmuebles y memoria, sino que también, desde las páginas de su publicación, da cuenta de proyectos, muestra su pasado en estrecho vínculo con el presente y propone mociones, opciones, cambios. Sobre todo cambios...

Coleccion de los autores
Encabezamiento de La Aurora de Matanzas, domingo 8 de agosto de 1830. 

Las páginas de la revista se abren a la presencia de la cultura francesa en Matanzas, sus viajeros, la impronta de la revolución haitiana, su huella en la arquitectura yumurina, en su ferrocarril y en las artes en general. Este acercamiento da paso a una breve historia del cementerio de la urbe, documentada con un acervo fotográfico y la disposición de contribuir a la restauración y divulgación de su importante colección de obras de herrería y capillas funerarias que, unida a su sistema de galerías subterráneas, único en Cuba, figuran en el propósito renovador del Plan Maestro del joven buró de conservación para devolver luz a esta ciudad neoclásica.

La Plaza de la Vigía, sitio fundacional de la ciudad ultramarina, con sus bondades y desaciertos también asoma desde estas líneas, junto al centro histórico como un gran proyecto urbano. No es una mirada complaciente la que se ofrece ni un interés meramente turístico el que rige la intención de estas representaciones. Lo que se comparte son soluciones, propuestas y estrategias, a la par que imágenes y planes de protección de sus edificios más emblemáticos.


Fotografías, planos urbanos, coordenadas de rescates se hacen presentes porque eso es este primer número de La Nueva Aurora: un sistema bien engarzado, dinámico, y plural, al que, habremos de confesarlo, no estamos acostumbrados. Tenemos y leemos revistas de artes visuales, de literatura, de historia, de música, de cine... pero un manojo de páginas bellamente engalanadas que nos muestren la ciudad por la que andamos a diario y no tengan miedo de señalar sus quiebres, sus roturas y nos expliquen en verdad qué podría hacerse, no es habitual. Hemos de convenir que no todos, en este momento que nos toca vivir, estamos dispuestos a hablar de soluciones posibles.

No falta en estas páginas una aproximación a necesarias estrategias ambientales vinculadas al entorno geográfico que, además, hacen sentir como palpable y viable un término que desde hace un tiempo ha entrado en nuestros hogares sin que estemos convencidos del todo de a qué se refiere y que en no pocas ocasiones es mirado con cierta sospecha: sostenibilidad.

En mi infancia pasé horas inclinada sobre un álbum que mi abuela había completado con pequeñas postales de temática napoleónica, auspiciado por no recuerdo ya qué marca de cigarros. Siempre viene este recuerdo a mi mente cuando veo a los niños coleccionar esas pegatinas e imágenes que a veces traen las eximias golosinas que sus padres pueden llegar a comprarles. Otra vez he vuelto a repasar mentalmente las páginas de dicho álbum al comprobar que La Nueva Aurora regala con delicadeza pequeñas joyas que harían la felicidad de cualquier coleccionista: un retablo de postales –que irán asomando en cada nueva entrega– sobre la Matanzas que no conocimos y que se sumarán al plano y al acta fundacionales que en este número aparecen.

Calle Narvaez, mirando al Puente de Bailen. Grabado de finales del siglo XIX. 

Existe una categoría manejada generalmente en relación a espacios cinematográficos o personajes literarios pero que puede ser aplicada perfectamente a una publicación periódica. Se trata de la credibilidad. La Nueva Aurora es totalmente creíble. No trata de vender lo que sabemos que nunca ocurrirá, no es un canto de sirena. Tenemos la certeza porque este es un producto salido del mismo equipo de trabajo que antes empeñó tiempo, energías y solidaridad en tratar de salvar –y lograrlo– una ceiba sagrada, símbolo de lo más urbano de esta ciudad. Muchas veces pequeños detalles hablan más que un extenso discurso o un gesto que de tan grande se convierte en desproporcionado e inútil. Acaso esta honestidad y credibilidad, tan preciadas como raras en los días que corren, sean lo que marquen la diferencia y regalen un poco de fe.