martes, 6 de junio de 2017

El caso de la bandera Confederada en Matanzas 1861

¿Sabía usted que la bandera de los Estados Confederados de Norteamérica ondeó por primera vez internacionalmente en aguas de la bahía de Matanzas?

Pues así fue. Al comienzo de la Guerra Civil o de Secesión Norteamericana, en 1861, el bergantín privado Hallie Jackson fue, en las palabras de su dueño B. S. Sánchez de Savannah, Georgia, el único “que ha exaltado el honor de volar la bandera confederada en los límites de un país foráneo” donde además, “aunque no fue reconocida, fue respetada”. Esto duró toda una semana en la que el bergantín se encontró anclado en la bahía de Matanzas.

 Grabado litográfico de un bergantín tomado del periódico La Aurora de Matanzas, agosto de 1830.

El bergantín Hallie Jackson fue construido en 1860 con los mejores y resistentes materiales, como el roble blanco y el roble vivo. Tuvo un armazón de cobre y se ejecutó de acuerdo a las especificaciones del señor Sánchez.

Bandera de los Estados Confederados de Norteamérica

En abril 18 de 1861, Sánchez fue el primero de dos ciudadanos en solicitar el título de marqués al nuevo gobierno de la Secesión. Éste puso al bergantín a disposición del nuevo gobierno confederado de Jefferson Davies, ofreciendo venderlo por 9000 dólares; muy buena suma aun para la época, permitiendo que fuera utilizado, si se desease, como bergantín guardacostas. 

Antigua fotografía del bergantín María Celeste, desaparecido misteriosamente.
Tomado de esta interesante página.

Al final, esto no se llevó a cabo, el Hallie Jackson nunca regresó a Georgia. Después de salir de Matanzas fue capturado por el USS Unión en aguas bajo el control de la Unión, decomisado y enviado a Nueva York.

Así fue como la bandera confederada exhibió sus colores bajo el cielo matancero por primera vez lejos de su tierra. Esto, sin dudas, constituye una primicia adicional para la historia de Cuba y, particularmente, para la de nuestra ciudad de Matanzas. 


Historia tomada de:

Archivos Navales Nacional de Estados Unidos aqui.

Blatchfor, Samuel (1866). Reports of Cases in Prize 1861-1865. Government Printing Office, Washington.


sábado, 20 de mayo de 2017

"Sobrevolando Matanzas": por Laura Ruiz Montes

En este post publicamos una interesante vista de Matanzas de la intelectual matancera Laura Ruiz Montes, quien nos ha permitido reproducir este ensayo, originalmente destinado al primer número de la revista La Nueva Aurora. Con estas palabras le agradecemos esta oportunidad damos bienvenida a su ensayo.

En toda ciudad hay zonas altas y bajas –términos que, en este caso, nada tienen que ver con la topografía– y cada una de ellas suele excluir a la otra. No es necesario explicar qué y quiénes habitan en una u otra de las zonas, porque eso es un saber tácito. En cada ciudad del mundo hay una zona que tiene hambre: de alimento, de luz, de mar... Lo cierto es que alguna carencia siempre asoma mientras en la otra mitad (suponiendo que esté dividida en partes iguales) puede haber un excedente: de alimento, de luminosidad o de aridez. Lo cierto es que alguna sobreabundancia también siempre asoma.

Colleccion de los autores
Plano de la ciudad de Matanzas de J. J. Romero, 1837

Hay barrios perezosos y barrios laboriosos. Hay calles baratas y hermosas. Hay aceras lujosas y grotescas. Entramos y salimos, circulamos de una región a otra casi sin darnos cuenta. Somos los transeúntes quienes unimos ambas realidades. Pudiera parecer que es un trabajo diseñado para los puentes, canales, túneles, autobuses, trenes... pero en verdad somos los marchantes quienes enlazamos ambos territorios, con mejor o peor intención, con más apego o más desprecio, depende...

Lo cierto es que rara vez nos es dado estar en ambas franjas al unísono. Esto solo es posible dentro de algún pensamiento utópico o gracias a un especial instante creativo. Esta vez lo ha conseguido la revista La Nueva Aurora, recién nacida publicación de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Matanzas, continuadora de La Aurora de Matanzas, emblemático diario decimonónico catalogado por Carlos M. Trelles como “el príncipe de nuestros periódicos”. El nuevo número regala dos fortunas largamente esperadas. La primera es que Matanzas, la ciudad que cuenta más de trescientos años de vida, tiene ya, efectivamente, una Oficina del Conservador. La segunda es que dicha oficina funciona, que no solo está batallando por incorporarse a un afán de rescate de inmuebles y memoria, sino que también, desde las páginas de su publicación, da cuenta de proyectos, muestra su pasado en estrecho vínculo con el presente y propone mociones, opciones, cambios. Sobre todo cambios...

Coleccion de los autores
Encabezamiento de La Aurora de Matanzas, domingo 8 de agosto de 1830. 

Las páginas de la revista se abren a la presencia de la cultura francesa en Matanzas, sus viajeros, la impronta de la revolución haitiana, su huella en la arquitectura yumurina, en su ferrocarril y en las artes en general. Este acercamiento da paso a una breve historia del cementerio de la urbe, documentada con un acervo fotográfico y la disposición de contribuir a la restauración y divulgación de su importante colección de obras de herrería y capillas funerarias que, unida a su sistema de galerías subterráneas, único en Cuba, figuran en el propósito renovador del Plan Maestro del joven buró de conservación para devolver luz a esta ciudad neoclásica.

La Plaza de la Vigía, sitio fundacional de la ciudad ultramarina, con sus bondades y desaciertos también asoma desde estas líneas, junto al centro histórico como un gran proyecto urbano. No es una mirada complaciente la que se ofrece ni un interés meramente turístico el que rige la intención de estas representaciones. Lo que se comparte son soluciones, propuestas y estrategias, a la par que imágenes y planes de protección de sus edificios más emblemáticos.


Fotografías, planos urbanos, coordenadas de rescates se hacen presentes porque eso es este primer número de La Nueva Aurora: un sistema bien engarzado, dinámico, y plural, al que, habremos de confesarlo, no estamos acostumbrados. Tenemos y leemos revistas de artes visuales, de literatura, de historia, de música, de cine... pero un manojo de páginas bellamente engalanadas que nos muestren la ciudad por la que andamos a diario y no tengan miedo de señalar sus quiebres, sus roturas y nos expliquen en verdad qué podría hacerse, no es habitual. Hemos de convenir que no todos, en este momento que nos toca vivir, estamos dispuestos a hablar de soluciones posibles.

No falta en estas páginas una aproximación a necesarias estrategias ambientales vinculadas al entorno geográfico que, además, hacen sentir como palpable y viable un término que desde hace un tiempo ha entrado en nuestros hogares sin que estemos convencidos del todo de a qué se refiere y que en no pocas ocasiones es mirado con cierta sospecha: sostenibilidad.

En mi infancia pasé horas inclinada sobre un álbum que mi abuela había completado con pequeñas postales de temática napoleónica, auspiciado por no recuerdo ya qué marca de cigarros. Siempre viene este recuerdo a mi mente cuando veo a los niños coleccionar esas pegatinas e imágenes que a veces traen las eximias golosinas que sus padres pueden llegar a comprarles. Otra vez he vuelto a repasar mentalmente las páginas de dicho álbum al comprobar que La Nueva Aurora regala con delicadeza pequeñas joyas que harían la felicidad de cualquier coleccionista: un retablo de postales –que irán asomando en cada nueva entrega– sobre la Matanzas que no conocimos y que se sumarán al plano y al acta fundacionales que en este número aparecen.

Calle Narvaez, mirando al Puente de Bailen. Grabado de finales del siglo XIX. 

Existe una categoría manejada generalmente en relación a espacios cinematográficos o personajes literarios pero que puede ser aplicada perfectamente a una publicación periódica. Se trata de la credibilidad. La Nueva Aurora es totalmente creíble. No trata de vender lo que sabemos que nunca ocurrirá, no es un canto de sirena. Tenemos la certeza porque este es un producto salido del mismo equipo de trabajo que antes empeñó tiempo, energías y solidaridad en tratar de salvar –y lograrlo– una ceiba sagrada, símbolo de lo más urbano de esta ciudad. Muchas veces pequeños detalles hablan más que un extenso discurso o un gesto que de tan grande se convierte en desproporcionado e inútil. Acaso esta honestidad y credibilidad, tan preciadas como raras en los días que corren, sean lo que marquen la diferencia y regalen un poco de fe.


miércoles, 26 de abril de 2017

La enigmatica pictografía de la Cueva del Ciclón


Por: Osvaldo Jiménez Vázquez



Las cuevas de Cuba guardan en sus recintos importantes testimonios gráficos de nuestros primitivos habitantes. Estos testimonios, conocidos como arte rupestre, están plasmados sobre paredes, techos y formaciones secundarias de más de un centenar de cuevas.

El arte rupestre cubano lo conforman dos tipos de manifestaciones, las pictografías y los petroglifos, ambos relacionados con creencias religiosas. Una de las pictografías más enigmáticas de Cuba, hoy infelizmente desaparecida, se encontraba en la Cueva del Ciclón, espacio hipógeo conectado con la Cueva del Gato Jíbaro, enmarcada en el Sistema Cavernario de Bellamar, costa norte de la provincia de Matanzas.

El hallazgo de este pictograma fue realizado por integrantes del grupo espeleológico Norbert Casteret entre abril y mayo de 1981, como parte de los estudios arqueológicos que realizaban en la región (imagen 1). La pictografía había sido realizada sobre un manto estalagmítico, formación secundaria situada a unos 25 metros de la entrada de la cueva y a unos 10 metros de una dolina de disolución y desplome que se halla en el centro geográfico del antro. El carbón vegetal fue el material empleado en la ejecución de la misma, por lo cual su color era negro. Su altura no superaba los 10 cm. Tanto la pictografía, como un conjunto de murales pictográficos localizados a 12 metros de esta, representan conceptualmente el estilo de “líneas inconexas” (Maciques, 1988), el cual fue ejecutado por aborígenes preagroalfareros (siboneyes). La cultura material rescatada en esta localidad confirma la relación cultural, apareciendo en las excavaciones practicadas, restos de dieta y sílex tallado (Leonel Pérez Orozco, com. pers).

Imagen 1: Foto original de la pictografia de la cueva del Ciclon, ciudad de Matanzas, Cuba.
Cotersia de Leonel Perez Orozco.

A raíz del hallazgo, los investigadores del grupo espeleológico Norbert Casteret publicaron unas notas en el boletín que producía este colectivo (no.3 año III, 1982, Matanzas), incluyendo una reconstrucción ideal de la pictografía (imagen 2), manifestando que la misma representaba la figura de un mono araña (Ateles). Posteriormente, el paleontólogo cubano Oscar Arredondo (1983), apoyó este criterio, el cual a través del tiempo ha sido sostenido por otros autores (Gutiérrez y Jaiméz, 2007).

En busca de la verdad sobre este asunto, acudimos a Leonel Pérez Orozco, actual director de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Matanzas, quien fuera presidente del grupo espeleológico Norbert Casteret en los momentos del hallazgo de la pictografía. Este buen amigo, quien ya no cree que la pictografía representara un primate, nos facilitó la única imagen fotográfica que existe de la misma (imagen 1). La reconstrucción ideal y la fotografía no pueden ser comparadas correctamente, pues la primera representa una vista frontal, y la segunda, por problemas de espacio dentro de la cueva, fue tomada desde un plano inferior.

No obstante, se observan diferencias. Por ejemplo, en la fotografía la cabeza tiene forma ovalada y no está encajada entre los hombros, por otra parte, los brazos están más abiertos y ambos son iguales, a diferencia de lo que se observa en la reconstrucción. Las piernas, por su parte, están dibujadas en la reconstrucción con un trazo único, en tanto, en la foto apreciamos trazos discontinuos, como corresponde al estilo de líneas inconexas. Esta pictografía sugiere, más bien, una figura antropomorfa danzando o adorando, quizás represente un chamán en medio de un evento religioso.

Imagen 2: Interpretacion de la pictografia del Ciclon.
Notece que esta reproduccion no es fiel a la original.

Existen hechos de otra índole que refutan la representación de un mono en este pictograma. En primer lugar, los aborígenes preagroalfareros y agroalfareros (taínos) cubanos habían sustituido desde siglos atrás los referentes faunísticos continentales de su cultura, de tal manera que en el arte precolombino, sobre todo agroalfarero, son motivos reiterados lechuzas, búhos y murciélagos. Algunos autores (Harrington, 1921; Arredondo y Varona, 1983) opinaron que ciertos diseños modelados en las asas de recipientes de la cultura antes citada correspondían a rostros de monos.

Sin embargo, en la actualidad se considera que tales diseños representan rostros de murciélagos (Rodríguez, 2000; Rodríguez, 2002; Borroto y Arredondo, 2011), animales que, al igual que aves nocturnas como búhos y lechuzas, estaban posiblemente relacionados con el Coaybay, lugar a donde van las opías o almas de los muertos, señorío de Maquetaurie Guayaba (Pané, 1984). Por último, las investigaciones paleontológicas demuestran que el mono de Varona (Paralouatta varonai) única especie de primate del Cuaternario endémica de Cuba, se extinguió mucho antes del arribo del hombre precolombino a Cuba (Silva et al., 2007), y el mono de Montané (Ateles fusciceps), descubierto en la Cueva de la Boca del Purial en 1888, fue introducido hace menos de 300 años desde Sudamérica (Miller, 1916b; MacPhee y Rivero, 1996).




Notas sobre el autor:
Osvaldo es especialista mastozoólogo del Gabinete de Arqueología, Oficina del Historiador de la Habana, Cuba. Esta nota es un resumen de su articulo publicado en la revista de aqueologia caribena, Cuba Arqueologica. El articulo, esta disponible aqui.  Un breve listado de sus publicaciones se pueden encontrar en Fossil Matter.




Referencias


Arredondo, O., y L. S. Varona. 1983. Sobre la validez de Montaneia anthropomorpha Ameghino, 1910 (Primates: Cebidae). Poeyana, 255: 1-21.

Borroto Páez, R. y C. Arredondo Antúnez. 2011. Los mamíferos en el arte aborigen. 213-219. En: Mamíferos en Cuba. (Eds. R. Borroto-Páez y C. A. Mancina). UPC Print, Vaasa, Finlandia. 271 pp.

Gutierrez Calvache, D. y E. J. Jaiméz Salgado. 2007. Introducción a los primates fósiles de Las Antillas. 120 años de primatología en el Caribe insular. Santo Domingo, Editora Universitaria, 208 pp.

MacPhee, R. D. E., y M. Rivero de la Calle. 1996. Accelerator mass spectrometry 14C age determination for the alleged "Cuban spider monkey", Ateles (= Montaneia) anthropomorpha. J. Human Evol., 30:89-94.

Maciques Sánchez, E. 1988. El arte rupestre de Matanzas. Revista Museo, Año I, 2° Época, junio de 1988, Matanzas, Cuba.

Miller, G. S., Jr. 1916. The teeth of a monkey found in Cuba. Smithsonian Misc. ColI., 66(13):1-3, 1 lam.

Orihuela, J. and A. Tejedor. 2012. Peter's ghost-faced bat Mormoops megalophylla (Chiroptera: Mormoopidae) from a pre-Columbian archaeological deposit in Cuba. Acta Chiropterologica, 14(1): 63-72. Available here.
Pané, R. 1984. Relación acerca de las antigüedades de los indios. México, Siglo XXI Editores S. A.

Rodríguez Arce, C. 2000. Apuntes sobre la figura del murciélago en la iconografía prehispánica de Cuba. El Caribe Arqueológico, 4: 94-99.

Rodríguez Durán, A. 2002. Los murciélagos en las culturas precolombinas de Puerto Rico. Focus, 1 (2): 15-18.

Silva Taboada, G., W. Suárez Duque y S. Díaz Franco. 2007. Compendio de los mamíferos terrestres autóctonos de Cuba vivientes y extinguidos. La Habana, Editorial Boloña, 465 pp.

Esta nota fue originalmente publicada en el blog Fossil Matter bajo el titulo La Pictografia de la Cueva del Ciclon: Primate o Chaman.